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Abularach, pintor de santos

Acaba de aparecer el libro “Abularach. Pintura Religiosa”, que devela una faceta casi oculta de uno de los artistas plásticos con más trayectoria en nuestro país. “No me interesa la intención doctrinal, sino que el cuadro pueda dar cierta sensación de amor y dulzura a la persona que lo ve”, nos dice el pintor en la siguiente entrevista.

Por: Edwin Siekavizza

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Cuando en la segunda mitad del siglo XX se creía que el arte de tipo religioso era casi obsoleto, Rodolfo Abularach, perteneciente a la prolífica generación de artistas guatemaltecos nacidos en la década de los treinta, retomó estos temas y motivos y los plasmó en lienzos de gran formato, en su mayoría, que ahora editorial Enpunto reproduce en el libro ‘Abularach. Pintura Religiosa’.

El volumen muestra más de medio centenar de obras trabajadas desde mediados de los años cincuenta hasta los noventa. Contiene textos de Dennis Leder, Roberto Cabrera e Irma de Luján, quien además hace una reseña de cada una de las obras reproducidas en el libro.

La iniciativa de publicar este libro, y mostrar esta faceta casi oculta del pintor, viene desde 1994, cuando Roberto Richard y Roberto Abularach acordaron reunir el material y los textos suficientes para publicarlo. El proyecto no pudo concretarse hasta el año pasado cuando el hijo de Richard, Federico, retomó con el artista la propuesta.

El resto es historia y se puede apreciar en este volumen, con un tiraje de 2 mil copias, que ya está a la venta en las principales librerías de la ciudad y, próximamente, en algunos centros culturales.

Rodolfo Abularach es pintor, grabador y escultor. Nació en la ciudad de Guatemala en 1933 y su formación académica y artística la debatió entre Guatemala y Estados Unidos. Fue ganador de la V Bienal de Sao Paulo en 1959, en la rama de dibujo, y ha expuesto en Alemania, Puerto Rico, Colombia, Venezuela, México, Ecuador, Suecia, Panamá, Bolivia y Chile.

¿Cómo comenzó a hacer pintura de tipo religioso?

– Inició como un trabajo paralelo a otra clase de obra como la de los ojos, los volcanes y la serie de ángeles. No me dediqué a hacerlo especialmente en alguna etapa, lo intercalé en varios momentos, durante varios años. Fue una cuestión esporádica. Yo estudié, toda la primaria y el bachillerato, en el colegio de Infantes, que estaba a un costado de la Catedral, y eso influyó porque hice obras de tipo religioso en la secundaria. El colegio era de la orden de los maristas que fundó Marcelino Champagnat, y en varios concursos me dieron premios con dibujos sobre la aparición de la virgen a Champagnat, por ejemplo. Otra cuestión, quizás, es que mi abuelo era muy devoto, iba a la Catedral y a Santo Domingo y coleccionaba obras antiguas, y entre ellas había obra religiosa y eso de alguna forma tuvo que haber influido en mi trabajo. Mi madre era muy católica también.

Nunca pensé que volvería a hacer obra religiosa; pero antes de los sesenta, tal vez a partir de 1956, hice obras religiosas de tipo cubista. Algunas las ves en el libro. El tema me interesó mucho. Como también me interesé por Maximón, del que pinté cuadros en el 57. Años después, en el 83, hice una virgen en acrílico, y un par de cositas más, para la casa de mi hermano. Así surgió el más grande, el primero de los grandes, 'La Anunciación'.

¿Integró esta obra religiosa como otra temática más en su obra?

– Siempre me preguntaron si ya había comenzado a pintar santos, pero no era así. De vez en cuando me gusta hacer una obra de esas y eso es todo. Claro que pongo todo el sentimiento que puedo, no lo hago livianamente. Lo hago con gran interés, pero sin ánimo de convencer a nadie. Además no soy un católico devoto: yo me adentré en el yoga y en el budismo zen, que aprendí en Nueva York. El yoga no pelea con ninguna religión pero le da un enfoque diferente a todo.

Desde finales de los cincuenta, usted vive entre Guatemala y Estados Unidos

- Exacto. Estas obras las hice cuando venía a Guatemala, porque me quedaba uno o dos meses. Ya más tarde, en el 98, cuando entramos con (Roberto) Cabrera y Ramón Ávila a tratar de transformar la Escuela Nacional de Artes Plásticas, tuve que quedarme más en Guatemala y ahora estoy mas acá que en Nueva York.

Usted es conocido por sus “ojos”, pero ha trabajado también otras temáticas diferentes

- Llegó un momento en que sentía que tenía que hacer otra clase de trabajo además de los ojos. Aunque, curiosamente, en el tiempo que pinté ojos, también estaba haciendo otro tipo de obra. Trabajé una serie de paisajes que les llamo oníricos y mágicos, en los ochenta. Hice una serie de los infiernos, pensando en Dante y el purgatorio. Luego una cantidad de ángeles caídos o peleando, algunos de grandes dimensiones. Luego me interesó la guerra y la destrucción e hice varias obras sobre ese tema. Todas han sido exhibidas, algunas en Guatemala.

Pero aún en estas pinturas, no abandona los ojos.

- Incluimos varios ojos en el libro, porque no es solo la imagen obvia de algún momento de la pasión de Cristo. Puede ser nada más un ojo, una mirada, una expresión. El asunto es que en el ojo existe una cantidad enorme de posibilidades que es inagotable.

¿A partir del tema religioso se limitan las imágenes?

- El límite es la figura, pero siempre me interesó la figura humana. Los temas más importantes desde la pintura renacentista hasta los impresionistas eran religiosos y se hicieron obras increíblemente bellas. También en la tradición colonial.

¿Utilizo algunas de estas referencias para pintar estos cuadros?

- Como referencia uno no puede escaparse de que lo que ha leído y visto. Cada vez que estoy en Nueva York frecuento el Museo Metropolitano, por ejemplo, y siempre voy a ver a los grandes maestros y eso obviamente influye en uno. Hay referencias en el clasicismo, a la manera mía. En ningún momento vas a encontrar un cuadro que se parezca o que lo haya copiado a Rubens, Miguel Ángel o Rafael. Es todo inventado por mí, pero hay parte del legado de los grandes pintores.

Y a la hora de escoger los rostros ¿hay alguna referencia en los modelos que utiliza?

- No hay modelos. Al igual que con los ojos, todo sale imaginado. Aunque lo curioso es que me salieron figuras que se parecen a mis hermanos, a mis tíos o a mis amigos, pero no intencionalmente. Solo hay un cuadro, una caída de Cristo, donde copié literalmente a un amigo, que está como soldado romano. Es el único cuadro donde he tratado de poner a mis parientes y los pinté del puro recuerdo, aunque pude haberles pedido que me posaran. También están mis hijos. Simón Sirineo es mi primo. El caballo de (Mario) Monteforte es el caballo blanco que está en el cuadro. Es una obra donde si quise meter a toda la gente, para darle un sentido diferente.

¿A la hora de representar estas escenas utiliza la tradicional simbología cristiana?

- En la construcción del cuadro pongo las figuras de forma libre. De ninguna manera estoy tratando de poner la simbología exacta de la Iglesia católica apostólica y romana, eso no es mi interés. Más bien es cosa de amor y de corazón y no de símbolos que la pintura religiosa utilizaba para adoctrinar. A mí no me interesa la intención doctrinal, sino que el cuadro pueda dar cierta sensación de amor y dulzura a la persona que lo ve. No me interesan los dogmas, soy completamente apático a eso, lo detesto.

¿El gran formato tiene alguna intención?

- En el tamaño está la posibilidad de hacer las figuras más grandes, que se pueden ver mejor de lejos, especialmente si es un cuadro de grupo, que el impacto es diferente. El formato pequeño es adecuado para obras mas íntimas y más cercanas, el otro da más amplitud y es para más público. Con los cuadros grandes vuelve la emulación a los grandes maestros del pasado, sin que las iglesias me lo estén pidiendo.

¿También emula la tradición americana colonial?

- He tenido la oportunidad de ver las pinturas religiosas coloniales en varios lugares de Latinoamérica, la de México, la formidable pintura ecuatoriana, la de Bolivia, Perú, Colombia y, por supuesto, la de Guatemala. No es intencional, pero si tú has visto todo esto, se vuelve parte de ti, cuando te interesa y te gusta. Cuando uno trabaja es sorprendente que salgan estas cosas que uno ha visto, que brotan naturalmente y sin esfuerzo. Es lo que forma parte del pintor: cuando hace un cuadro, todo este conocimiento o estas impresiones están dentro de él y salen de una y otra forma.





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2 comentarios:

  1. Barbara Schieber:
    Rodolfo Abularach y su obra magnífica. Que regalo para Guatemala.

    Linda entrevista, felicitaciones
  2. Victoria Morales:
    Felicitaciones a un artista que pone muy en alto el nombre de nuestra linda Guatemala, hojala y otros jovenes sigan el buen ejemplo.

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