La violencia nos sale al paso. Aun sin concretarse, su sombra nos persigue amenazando la cotidianeidad. Vivimos días de sospecha en que los otros son enemigos en potencia. En cualquier momento aquel de la chumpa puede intentar despojarnos del auto, el motociclista sería capaz de arrancarnos el celular o la cartera, los que van a bordo del picop la libertad, el policía la vida. Como si no fuera suficiente esfuerzo para la mente encajar los hechos tenebrosos, tenemos también que lidiar con sus deformes fantasmas de aliento y palabra. Es como para andar como andamos: aterrorizados y paranoicos. Cada narración, aporta un nuevo detalle verídico o ficticio (nada incita a la fábula como el horror). El cuentero de turno le añade su perspectiva, le da forma con su lenguaje propio. Y de esa manera el mismo hecho parece multiplicarse por cien, por mil y abrumar nuestra conciencia. Verónica García de Ramírez no fue asesinada una sino 47 veces en las últimas dos semanas. He contado las menciones en noticias, columnas de opinión y reportes orales, instintivamente tratando de preservar algo de claridad mental, pero esto no ha evitado que sienta en cada ocasión un espanto cercano a la parálisis.
Ninguna narrativa por coherente puede normalizar el sinsentido, como pretende este trabajo incansable de contar y recontar lo inenarrable.
En verdad me gustaría entender por qué insistimos. Qué oscuro mecanismo nos hace replicar hasta el hastío cualquier hecho de violencia. ¿Asegurarnos de contagiar a los vecinos de la zozobra para no sentirnos solos? ¿O será acaso que deseamos cultivar la desconfianza y cavar más hondo en el abismo que nos separa de los otros?
La mentada inseguridad va montada sobre la certeza de habitar un mundo de intenciones malévolas. Claro que algunas veces, como dice Hegel, el mal radique en la mirada que ve siempre al mal. Y agregaría yo, en las bocas que incansables lo multiplican.
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1 comentarios:
Andrés Zepeda (el bobo de la caja): (2008-10-13 10:37:58 horas)
Insistimos (con Hegel o sin él) porque sólo a partir de la comprensión de los fenómenos –por muy macabros que éstos sean– podremos por fin dar los pasos necesarios para superarlos, lo cual empieza por poner los pies en el suelo y no contarnos cuentos.
1 comentarios: