Los gobiernos estadounidense y europeos han decidido enfrentar la crisis financiera, que ha pasado de la iliquidez a la insolvencia, a través de inyectar dinero fiscal al sistema financiero y de garantizar a los ahorristas sus depósitos, en forma limitada o ilimitadamente. También se ha insinuado que para evitar que los bancos se tengan mutua desconfianza y se restablezca el denominado “crédito recíproco”, los gobiernos, incluso, podrían garantizar los préstamos interbancarios.
Sin embargo, los agentes económicos no están respondiendo positivamente a los referidos incentivos gubernamentales y, por consiguiente, todo apunta a que la turbulencia financiera no cesará y que, por el contrario, se profundizará. Hay quienes temen que el siguiente paso será la quiebra, no sólo de más bancos, sino también de industrias y comercios. En todo caso, los inversionistas están huyendo precipitadamente del mercado bursátil, los consumidores están racionalizando sus consumos y los financieros están limitando el crédito. Luego, los fantasmas de la quiebra, del desempleo y de la pobreza podrían hacerse realidad.
Lo que olvidan los políticos y técnicos es que el capital de confianza, que se ha perdido totalmente, no se rehace de la noche a la mañana a base de inyectar liquidez al sistema financiero o de garantizar ahorros y transacciones.
La confianza, que se traduce en certeza y previsibilidad, es el resultado de la observancia del principio de verdad sabida y buena fe guardada, que rige la interpretación y ejecución de los contratos. El derecho a la verdad sabida es aquél que tiene toda persona a que no se le oculte lo que es cierto, a estar informada, a que sepa a qué atenerse. El engaño, la simulación, la falacia y la opacidad son contrarios a la verdad sabida. Mentir es inducir a otro a error, es fingir, aparentar, omitir, falsificar, tergiversar. A la vez, el derecho a la buena fe guardada es la exigencia de rectitud, honestidad y transparencia. La mala fe, por el contrario, supone malicia, dolo y, sobre todo, traición y abuso de confianza.
El derecho (imperio de la ley) debe velar por la plena vigencia y observancia del principio de verdad sabida y buena fe guardada en las relaciones mercantiles. La finalidad del derecho es la realización de la justicia, la que busca mantener o, en su caso, restablecer el equilibrio equitativo mediante dar a cada quien lo que le corresponde o pertenece. La justicia devuelve la paz y la confianza.
En la crisis financiera, mucho tuvo que ver la inobservancia del principio de verdad sabida y buena fe guardada. De suerte que para recuperar el capital de confianza, deben deducirse las responsabilidades legales en contra de quienes defraudaron y traicionaron la confianza del público (por acción u omisión), resarcir los daños y perjuicios causados, así como regular lo que deba regularse.
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5 comentarios:
sergio santos: (2008-10-13 15:43:55 horas)
aló tarjetas de crédito, bancos del sistema y demás agiotistas de Guate........
JOSUE AUGUSTO PEREZ FIGUEROA: (2008-10-13 15:43:14 horas)
La verdad sabida y la buena fe guardada, principios del comercio y de la vida civil que ha sido quebrantada por el exceso de SECRETIVIDAD que se arrogan para si los poderosos. La secretividad que conlleva el excesivo lucro, los excesivos sueldos y remuneraciones que se recetan para si los dirigentes empresariales. Es lo que destruyo la guerra de 36 anos en nuestra historia y la que seguira destruyendo si los que participan en libre mercado violan es principio ETICO.
NUEVA GUATEMALA DE LA ASUNCION
Miguel P. Vesco: (2008-10-13 13:59:18 horas)
De acuerdo, excepto con la ultima frase de regular lo que deba regularse. Se necesitan nuevas ideas para obtener resultados distintos, ya que la crisis es provocada por la intervencion del estado.
juan fratti: (2008-10-13 11:50:09 horas)
Si, eso, queremos ver RODAR CABEZAS, pero no la de los agentes (Brokers), queremos ver rodar las cabezas de los MEROS CABEZONES, asi como hicieron con ENRON.
Miguel P. Vesco: (2008-10-13 11:45:02 horas)
Mucho se ha escrito del tema y queda por comprobar el resultado de la intervencion estatal en los mercados, porque los inversionistas van a mover sus capitales donde estén mas seguros. La Accion Humana es la que determina las situaciones del mercado, y en este caso se ha comprobado que los inversionistas reaccionan en forma distinta a lo que los reguladores estatales piensan.
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