Las remesas del programa Mi Familia Progresa llegan puntuales a Santa Lucía La Reforma, Totonicapán. Pero la falta de servicios defrauda las expectativas.
Por: Claudia Palma
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Han pasado cinco meses desde aquel domingo en que los recursos para contratar un picop para trasladar a Benita Imul desde San Luis Sibilá, en Santa Lucía La Reforma,Totonicapán al hospital de Santa Cruz del Quiché sobrepasaron los bolsillos de los vecinos de esa comunidad. La mujer murió tras haber retenido la placenta mientras daba a luz a su octavo hijo Víctor. La promesa de abrir los puestos de salud 24 horas y los fines de semana para evitar muertes como las de Benita, sigue siendo eso: una promesa. Angélica, la enfermera del puesto, es la única esperanza para la comunidad que debe recorrer montaña arriba cinco kilómetros hasta donde ella vive cuando hay alguna urgencia, dice Porfiria, hermana de Benita y nueva madre de Víctor. Inexplicablemente el bebé ha sido casi inmune a las neumonías que suelen traer las lluvias y las bajas temperaturas que se cuelan por las paredes de su casa de adobe. Como si fuera un pollito, sobrevive del calor de Porfiria asido a ella en una vieja cama. Una cama por modesta que sea, es un lujo en San Luis Sibilá. Los siete hermanos de Víctor duermen en otra “casa” vecina. En realidad se trata de un cuarto de escasos cuatro metros con piso de tierra, en el que las hojas de mazorcas sirven como colchón y apretarse unos con otros es menester si no se quiere sucumbir ante el intenso frío y las lluvias. Una ventana más pequeña que la de una bartolina es toda su iluminación. Los Q300 que la familia Imul recibe al mes como beneficio de Mi Familia Progresa por llevar a Víctor puntualmente a sus citas con el doctor y porque Silvestre su hermano de 12 años haya retornado al segundo grado de la escuela alcanzan para comprar con suerte, carne dos veces por semana y completar una dieta con frijol, maíz , arroz y la leche del bebé. La canasta básica se encareció notablemente desde enero. El arroz subió de Q3.50 a Q6.00 la libra. El frijol de Q3.50 a Q5.00 y la libra de carne sin hueso de Q18 a Q23. Obras escasasAntonio Tojín, el alcalde comunitario, explica que si bien la entrega de las remesas ha sido puntual, el desarrollo de las obras como el mejoramiento de la escuela, el remozamiento de los caminos vecinales –que se transforman en una suerte de ríos durante el invierno– la apertura los fines de semana de los puestos de salud no se concretan. “Las obras no llegan y la gente está molesta”, advierte.A unos seis kilómetros de allí la comunidad de Pacorral, está reunida con Salomé Us, el alcalde comunitario de Pamaría, otra de las aldeas de Santa Lucía La Reforma. Bajo una copiosa lluvia apilados en la galera que hace las veces de escuela se discute el calendario para construir las dos aulas del establecimiento que deberán estar listas en enero. “Hay 45 alumnos pero para enero calculamos que serán más de 100 con el Programa de Mi Familia Progresa. Los materiales se tardaron mucho en llegar y ahora estamos contra el tiempo”, dice el hermano del ex alcalde de Santa Lucía, Aniceto Us. En Pamaría el número de usuarios del puesto de salud está por sobrepasar la capacidad. Pero lejos de aumentar el personal del puesto disminuye. |
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