Crisis económicas –a veces locales o regionales, y desde 1929 eventualmente mundiales– se han producido desde memoria histórica a lo largo y ancho del planeta. La mayoría son previsibles, algunas evitables, y otras no lo son cuando ellas provienen de cataclismos naturales y climáticos. Tenemos aún algún ejemplo de lo que pudo haber sido esto último, entonces cuando hoy en África subsahariana se presentan hambrunas que serían devastadoras sin la ayuda internacional, que aún siendo parcial, limita dentro de lo posible, catástrofes de grado superlativo. En tiempos históricamente no tan lejanos, la hambruna diezmaba poblaciones enteras, lo que empujaba a pueblos enteros a movilizarse hacia zonas ajenas, con frecuencia muy lejanas de sus países de origen, y en busca de sustento. Recordemos a los hebreos abandonando Canaan camino al opulento Egipto.
El ‘crash’ de 1929 –primera gran crisis financiera de proporciones mundiales– se produjo por varios factores, siendo quizá el determinante el desconocimiento que tenían los participantes financieros de los peligros de un mercado totalmente libre, manejado con imprudencia y exceso de codicia. El mercado terminará siempre por pasar la factura. En esa oportunidad, en un mercado financiero en plena expansión y alza, se abusó de créditos sin respaldo con compra –venta de acciones bursátiles– sin garantía suficiente y real. Cuando el mercado paró entonces de crecer, ello por exceso de producción industrial en Occidente, los títulos empezaron a perder su valor, la venta se precipitó en Wall Street, las deudas por valores comprados a crédito no se cubrieron, y tanto especuladores como sus financistas, los bancos entraron en iliquidez y quiebra. La depresión financiero–económica se instaló a nivel mundial y, esta duró diez años que fueron tiempos de desempleo, precios deprimidos y de arduo trabajo público y privado para salir del hoyo.
Ochenta años después se produce otra alerta, aunque esta vez con hipotecas sin respaldo, ahí cuando en 1929 habían sido acciones sin garantía. Por lo demás, ambas crisis parecen hermanas gemelas, aunque quizá no totalmente, ya que las hipotecas basura representan mal que bien, bienes reales aunque con valor hoy rebajado. Por otra parte, las economías globalizadas y diversificadas con sus vasos comunicantes, presentan más opciones de defensa y una eventualmente más rápida recuperación, que lo fue la economía estrecha de 1929. Además la intervención decidida y masiva de los gobiernos alrededor del mundo –aunque tardía– ayudará a serenar de algún modo los mercados mundiales y, ayudará a limitar los desaguisados de una recesión hoy inevitable. Sin duda nos espera un par de años más o menos difíciles.
Así lo pronostica Casandra; a menos que el poderoso y con frecuencia malévolo Zeus –Dios de dioses– decidiera otras formas drásticas de castigar para nuestro hoy tan apabullado planeta Tierra.
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