En los últimos dos años, decenas de millones de niñas y mujeres jóvenes han sido vacunadas contra el virus del papiloma, en Europa y Estados Unidos, donde se recomienda su aplicación para prevenir el cáncer cervical.
En Guatemala ya están a la venta las dos vacunas: Gardasil y Cervarix. Ambas están compuestas por virus inactivos que obligan al organismo a generar anticuerpos contra el papilomavirus, una enfermedad de transmisión sexual. Así, previenen la formación de lesiones precancerosas cervicales.
Según Sergio Izquierdo, ginecólogo, es importante tomar en cuenta la relevancia y frecuencia del virus de papiloma entre las mujeres jóvenes. “A nivel de práctica privada, es muy frecuente”, dice. “Por eso es importante que las mujeres jóvenes consulten acerca de esta vacuna, que se vende a través de los médicos y no en las farmacias”.
La vacuna se recomienda para uso desde los 9 años, lo que ha dado lugar al debate. Muchos piensan que hay riesgo de que la terapia pueda adelantar la media de edad de la primera relación sexual entre adolescentes. La inmunización es más eficaz cuando aún no se ha expuesto al papilomavirus, o sea antes del primer encuentro sexual.
No es necesario tener 9 años para que funcione la vacuna. Aunque hace dos años se recomendaba sólo para mujeres de 9 a 26 años, ahora “se ha liberado la edad tope, para las que empiezan tarde la vida sexual”, dice Izquierdo.
Javier Echeverría, médico general, dice que esta vacuna es valiosa. Sin embargo, “un problema es que es muy cara aún (Cervarix)”, y el otro es “que el cáncer tiene otros factores asociados, así que, aunque se vacune, existe la posibilidad de adquirirlo en un futuro. La vacuna es específica contra el virus del papiloma humano, que es uno de los factores de riesgo”, dice.
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