La ciudad diplomática se transformó en una bulliciosa ciudad donde los gritos y las emociones se desbordaron. Hoy todo regresa a la normalidad y en los círculos burocráticos esperan la llegada del nuevo presidente.
Sylvia Gereda Valenzuela, Enviada Especial Washington D.C.
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Imágen tomada del New York Daily News
celebración por la victoria de Obama
Cambiando la historia
Hace tan solo cuarenta años, en Estados Unidos existía la discriminación hacia los negros. Marthin Luther King, uno de los principales líderes que luchó a favor de sus derechos civiles de los negros y fue asesinado por su lucha en 1968, denunciaba la discriminación contra los negros a quienes e les prohibian sentarse al lado de un blanco en el autobus o asistir a sus escuelas y hasta les vedaba el derecho de manifestarse o no se les pagaba en sus trabajos. ”Ahora eso es historia y nosotros la hemos cambiado. Votamos por un afroamericano porque creemos que somos el cambio generacional y lo hicimos”, me dijo Loiuse Amber, una rubia estudiante de Maryland que no supera los 20 años. Mientras tanto, Barak Obama el primer discurso de Barack Obama en Chicago, se reproducía en pantallas gigantes. Allí el anunciaba: "El cambio ha llegado a Estados Unidos. Ustedes "han enviado un mensaje a todo el mundo. No empezamos con mucho dinero o apoyos. Esta victoria se edificó con gente normal y corriente que dio lo que pudo. Esta es su victoria. He venido aquí para presenciar la historia. Espero que sea algo muy emotivo, de mucha felicidad, creo que la ciudad, el mundo, la nación, van a estar muy orgullosos"
El martes, al filo de la media noche, la capital de los Estados Unidos estaba embriagada de emoción y se transformó, de una urbe burocrática y reservada, en un gigantesco altoparlante de bocinas de vehículos, cuyos conductores celebraron de manera estridente el triunfo histórico del primer político negro en la historia de Estados Unidos. Junto a ellos, miles de jóvenes desenfrenados corrían por las calles portando sus cámaras de fotos, celulares, banderas y carteles en los que apoyaban a su Nuevo Presidente, el afroamericano Barack Obama. Llovía a cántaros pero nada los detuvo. Su principal fin: llegar frente a la Casa Blanca, donde miles de jóvenes, pero también matrimonios, ejecutivos y turistas que se habían reunido en los restaurantes o bares cercanos para seguir el resultado de los comicios, se daban cita para vivir el momento histórico. Los miles de asistentes no dejabaron de gritar consignas contra Bush, a quien pedían a gritos que desalojara la Casa Blanca y le recriminaban haber llevado a los Estados Unidos a una guerra y una crisis economica sin precedentes. En un estado con historial demócrata y donde los negros alcanzan la mayoría, en un 70 porciento, la salida de Bush y la llegada de un afroamericano al poder, se celebraba con bombos y platillos. Fueron cientos de jóvenes los que se apostaron frente a la residencia de Bush con instrumentos musicales, sartenes, equipos de sonidos y hasta tambores para celebrar la victoria del candidato demócrata y repetir su slogan de campaña: “Yes, We Can” (Si podemos). Los gritos de los frenéticos jóvenes no dejaron de escucharse hasta las cuatro de la madrugada, cuando la mayoría inició la marcha a sus hogares. La policía no paró un minuto, abarrotó las calles y optó por recorrer las principales avenidas con las sirenas a todo volumen para disuadir a los frenéticos de desordenes. El hotel donde me alojo se ubica a tres cuadras de Casa Blanca y puedo asegurar que en esta área ninguno pudimos dormir, más bien el vecindario optó por unirse a la multitud. La ciudad diplomática se desvorda En casa Blanca se montó desde horas de la mañana, un equipo de seguridad exagerado. Intentaban persuadir a los jóvenes que mantuvieran el órden. Sin embargo, en medio de la multitud un grupo de mujeres policías de raza negra no se pudo contener y se unio a la celebración para vitorear a su primer presidente afroamericano. Ellas bailaban al ritmo de los tambores que improvisaron estudiantes de la Universidad de Maryland. Una de las escenas más simpáticas, la patrocinó un estudiante de la universidad de Georgetown que portaba una inmensa bandera roja de la antigua Unión soviética y la colocaba sobre las espaldas de los agentes de seguridad, al tiempo que gritaba, “el socialismo llegó a América”. Hoy, al filo de las nueve de la mañana, la ciudad diplomática ha regresado a su calma habitual. Los comercios están abiertos, los ejecutivos caminan a sus trabajos y en Casa Blanca y sus parques se respira la paz. Luego de una eufórica borrachera de sentimientos, ha llegado una resaca de satisfacción. Bob, uno de los policías que custodia la residencia Presidencial me dice en la plática matutino: ahora tendremos un nuevo inquilino, la historia está cambiando y Washington lo espera. Mientras concluyo esta crónica tengo en mi mano un ejemplar del diario The New York Times, quien publicó en su portada a dos líneas: "OBAMA Caen las barreras raciales mientras los votantes aceptan el llamado al cambio".
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