Esta plegaria debe ser rezada de preferencia una hora antes de iniciar la diaria jornada de manejar un vehículo, bien sea que se dirija al Dios de los cristianos, o a Alá –el misericordioso, o a Jehová, o a Nitsumin Pabey, o a San Cristóbal, o a nadie en particular; pero hay que rezarla con toda la fe. El resultado es sumamente reconfortante y se traduce en verdadera protección contra los peligrosos que implica el andar manejando un vehículo automotor en nuestro medio.
He aquí la plegaria: Líbrame, Señor de los choferes de camioneta, y líbrame también de policías mordelones así como de conductores prepotentes, malhumorados, malcriados y armados.
No permitas, Señor, que caiga en una gasolinera que despache galones pequeños o que venda gasolina ajustada con aire, con kerosina o con a saber qué.
Guíame, Señor, para que no pase por áreas de semáforos perfectamente asincronizados,tan bien asincronizados como sólo puede hacerse con la ayuda de una poderosa computadora, como las que usan las petroleras.
Líbrame, también, de jovencitos irresponsables al volante y de mujeres piloto que se creen en un salón social, merecedoras de todas las cortesías.
Si voy de prisa, evítame Señor el alcanzar a dos tortugas compitiendo que me cierran el paso, y evítame también que me marquen el alto en un retén. En carretera, no permitas Señor que me encuentre con dos vehículos pesados que me vienen compitiendo en sentido contrario al mío. Líbrame asimismo, Señor, de que se me atraviese imprudentemente algún animal, sea de dos o de cuatro patas.
Finalmente te pido de todo corazón que impidas que pierda la calma ante las torpezas o abusos de otros conductores, o de las “autoridades” del tránsito, o de cualquier hijo de vecino.
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