Cuando se toca el tema de veda forestal nos viene a la memoria la taquillera película RoboCop. Y es que la veda forestal al igual que el personaje de la película, se comportan igual, cuando todos creímos que la veda era “prueba superada” surge de sus cenizas, se recompone y se posiciona una vez más en la agenda ambiental del país. Hacemos alusión a la veda forestal ya que desde hace algunas semanas un connotado ambientalista ha estado escribiendo varios artículos en favor de una veda forestal en el país. Sin embargo, este tema ya se ha discutido desde hace más de 12 años y los actores del sector forestal ya habíamos llegado a conclusiones contundentes, de las que pensamos que no existiría retroceso.
Es sabido que la mayor parte de pérdida del bosque se da por cambio de uso de la tierra, para la realización de actividades agropecuarias. Lo que se ha denominado el avance de la frontera agrícola. Esta actividad conjuntamente con el uso de la leña para combustible, consumen más de 25 millones de m3. Lo que significa que la entrada de una norma de tal naturaleza debiera controlar agricultura migratoria y área rural que consumen leña.
Como lo afirma un documento de trabajo elaborado por el Plan de Acción Forestal para Guatemala (PAFG) quien fue por mucho tiempo el referente forestal en el país, apoyado por la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO): “Ningún gobierno sería capaz de hacer cumplir una medida que afecte al 70 por ciento de la población, sin estar en capacidad de ofrecer una solución concreta e inmediata a la problemática que puede crearse por el establecimiento de una determinada prohibición. Lo anterior se haría doblemente impracticable sin una asignación de recursos significativamente mayor a la actual, hacia los organismos gubernamentales responsables”. Al respecto podemos concluir que la puesta en marcha de una veda es; a) inaplicable porque no hay posibilidades de ejercer la norma para el 70 por ciento de la población; b) antipopular (no antipopulista) porque es una medida contra los más pobres; y c) desestimulante a la inversión en el sector, porque crea condiciones que desmotivan las inversión productiva en el sector que ha venido creciendo sanamente desde al menos 10 años. Es posible que existan algunos problemas en la administración forestal, pero estos debieran resolverse con medidas más creativas que una veda forestal.
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