Özgün Kaplan, una voluntaria en las Obras Sociales Hermano Pedro.
Por: Andreas Boueke
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Bielefeld, una ciudad en el norte de Alemania. En una cafetería, una muchacha flaca de pelo colocho bebe café turco. Turquía es el país de origen de sus padres. Se llama Özgün Kaplan, tiene 19 años de edad. Faltan pocos días antes de su partida a Guatemala. “¿Por qué quieres ir allí?” Ella no tiene que pensar mucho para contestar. “Quiero salir de esta estructura arreglada: 13 años de escuela, estudiar en la universidad, buscar un empleo. Quiero algo diferente. Además, pienso que es importante conocer otros países y culturas”. “Me está entrando miedo”Özgün y unos 10 mil jóvenes alemanes más han aplicado desde enero de este año al nuevo programa de voluntarios weltwärts (“hacia el mundo”) del Estado alemán. Todos ellos quieren realizar un voluntariado en diferentes países de África, Asia, Europa del Este o América Latina.Se comprometen a trabajar en proyectos sociales o ecológicos durante por lo menos seis meses o incluso dos años. El día en que Özgün ganó los exámenes finales de su colegio empezó a tomar conciencia de cuán rápidamente se acercaba la partida de su hogar en Alemania. “Ahora me está entrando miedo. Ya no puedo pensar en otra cosa más. Tengo temor que talvez no sea suficientemente fuerte para esto”. Una oportunidad de aprendizajeYa hay 2 mil voluntarios alemanes, que a través del programa weltwärts, trabajan en 50 países.Son países que la Organización de la Colaboración Económica y de Desarrollo (Oecd), califica como países en vía de desarrollo. Guatemala es uno de ellos. Los voluntarios trabajan en el marco de la lucha contra la pobreza, la protección del medio ambiente, el fortalecimiento de la cultura de paz y de los procesos democráticos. Pero el programa no se considera como una asistencia al desarrollo, sino más bien como una oportunidad de aprendizaje para los jóvenes alemanes. Hans–Peter Baur, coordinador del programa en el Ministerio de Colaboración Económica del Estado alemán, explica: “Nuestra prioridad es el fortalecimiento del trabajo informativo y de educación aquí en Alemania. Queremos ampliar la conciencia de la población alemana acerca de los problemas en los países en vías de desarrollo. Pero obviamente no podemos mandar a los jóvenes a todos los países. El aspecto de la seguridad tiene que ser prioritario”. Voluntarios de weltwärts no pueden ir a países sobre los que la Cancillería del Estado alemán ha declarado una “advertencia de viaje”. Además hay algunos pocos países, como el Líbano o Zimbabwe, en los cuales las embajadas alemanas advierten que por razones de seguridad no sería responsable mandar a jóvenes alemanes. La Embajada de Alemania en Guatemala también ha redactado tal informe, describiendo la situación en el país como demasiado peligrosa. En consecuencia no iban a llegar voluntarios del programa weltwärts a Guatemala. Özgün se enteró de esta decisión poco tiempo antes de la fecha de su salida. Para ella fue un susto grande. De un día para otro, sus planes y los planes de otros 70 jóvenes alemanes que iban a viajar a Guatemala a través de weltwärts parecieron esfumarse. Pero en el caso de Özgün las cosas todavía resultaron bien. La embajada accedió a realizar una investigación especial de varios proyectos para evaluar la situación de seguridad. En consecuencia, las Obras Sociales del Hermano Pedro en Antigua Guatemala resultaron ser el único proyecto que puede recibir voluntarios de weltwärts. Özgün había aplicado para este proyecto y pudo viajar. “Es difícil ver esto”El edificio de las Obras Sociales Hermano Pedro es grande. Özgün y Xiomara Toledo, la coordinadora de voluntarios del proyecto, entran a una sala de mujeres con retraso mental.Xiomara Toledo cierra la puerta con llave. “Algunas de ellas tienen problemas psicológicos severos”, explica. “Por eso a veces se vuelven un poco agresivas”. En el establecimiento viven más de 200 pacientes, niños, adultos y ancianos. Tales impresiones no son nuevas para Özgün: “Ya trabajé en Alemania con personas que padecen de discapacidades. Al principio tuve miedo. No sabía cómo tratarlos. Con el tiempo estos miedos desaparecen. Pero hay que decir que los problemas de los pacientes aquí son mucho más severos. Así que para mí el trabajo será un reto”. Un programa controversialPor el momento, el programa weltwärts funciona dentro de una fase de introducción. Después de tres años habrá una fase de evaluación. Mientras tanto, el Ministerio de Colaboración Económica de Alemania invierte 70 millones de euros (Q700 millones) al año con el fin de dar la oportunidad de participar en el programa a 10 mil voluntarios anualmente.A la larga, puede ser valioso para los países en desarrollo que jóvenes europeos conozcan y se involucren en los problemas sociales que existen en sus sociedades. Pero también hay una controversia sobre el programa. Unos críticos en Alemania sugieren que weltwärts trata a los países del sur como talleres de su política educativa. “Este argumento es válido”, dice Ulrike Mann, la directora del Welthaus (“casa del mundo”), la organización a través de la que Özgün llegó a Guatemala. “Nosotros participamos con mucho entusiasmo en este programa. Pero hemos observado que la unilateralidad es un aspecto negativo. Jóvenes alemanes reciben financiamiento estatal para poder ir y aprender en estos países. Pero la gente local que trabaja en los proyectos no podrían costear tal estancia en Alemania. Esto no concuerda con nuestra visión de cooperación igualitaria”. “Mi primer día de trabajo”“Hoy es mi primer día en el proyecto”, dice Özgün. Está sentada al lado de cinco ancianas que hacen manualidades con papel rojo. “Me gusta la idea de que voy a estar aquí durante un año.Más que todo porque se ve la necesidad. Siento que aquí estoy haciendo algo valioso”. En el departamento de las mujeres de las Obras Sociales Hermano Pedro hay poco personal. Las enfermeras están involucradas en los quehaceres diarios del cuidado de las ancianas y, no tienen el tiempo para prestar atención personalizada a las pacientes. Por eso Xiomara Toledo ve una contribución valiosa en la colaboración de los voluntarios. “Muchas de las pacientes no tienen a nadie quien les visite. Esperamos de nuestros voluntarios que les den cariño, que les inspiren confianza y les apoyen moralmente. Así podemos evitar que caigan en una depresión, se enfermen y mueran”. Una visión de hermandadEl director de las Obras Sociales Hermano Pedro, Guiseppe Contran, es un italiano, vestido con el hábito franciscano color café. “Creemos que podemos ser un puente para personas que tienen el deseo de ayudar”, explica. “Estoy convencido que en este mundo es posible unificar las fuerzas de la dignidad”.El fraile Contran es un hombre muy ocupado. A veces se le mira caminando por el edificio acompañado por empresarios deseosos de colaborar. Otras veces se reúne con obispos católicos o con funcionarios del Gobierno, siempre con el afán de fortalecer las Obras Sociales. Pero de los voluntarios espera otro tipo de involucramiento. Les agradece el tiempo que pasan con los pacientes: “No tenemos mucho impacto en su futuro. Solamente podemos apoyarles, para que no mueran. Y podemos intentar que sus vidas sean un poco más felices, amados”. “Me siento privilegiada”Özgün Kaplan ha encontrado su lugar en el proyecto. Trabaja con mujeres en el departamento de psicoterapia: “A mí no me molesta darles masaje a sus pies. Aunque a veces tienen un olor fuerte. Pero no soy tan sensitiva en eso”.Özgün se está desempeñando muy bien en el trabajo. Pero aún así, ella sabe que su servicio le está beneficiando más a ella misma que a las pacientes. Ella gana experiencias valiosas y empieza a ver su propia vida de distinta manera. “En teoría siempre sabes que eres muy privilegiada. No solamente por el dinero, sino también en cuanto a la educación, la salud. Lo sabes, pero no lo sientes. Cuando llegué aquí empecé a sentir realmente qué tan privilegiada soy”. |
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