Ante la crisis mundial, que generó en Washington, circulan en América Latina una serie de falacias sobre sus causas, como estas:
1. La crisis es coyuntural
Algunos economistas ortodoxos dicen que es una crisis más. Las cifras los desmienten. El desempleo en EE.UU. ya saltó al récord del 6.5 por ciento, 10 millones de desocupados. El 20 por ciento lo es desde hace más de 6 meses, el más alto nivel de desocupación de largo plazo desde fin de la Segunda Guerra Mundial.
2. La culpa fue de los modestos compradores de casas
Los culpables serían los esforzados trabajadores americanos que se endeudaron para comprar la casa propia. En muchos casos no sabían de la letra chica de las hipotecas que los iba a colocar en situación imposible. Pero además explica el Premio Pulitzer, Tomas Friedman, “el banco que daba la hipoteca eludía el problema porque se la pasaba a un agrupador, y el banco de inversión que agrupaba esas hipotecas lo eludía porque se podía ganar mucho dinero dándoles buenas calificaciones, así que por qué pararse demasiado...partes de Wall Street empezaron a sacar dinero del dinero mediante ingeniería financiera”.
3.El problema fue causado por “gaffes técnicas” fáciles de corregir.
No es lo que piensa Allan Greenspan, ícono de la ortodoxia económica, y 19 años presidente de la Reserva Federal. Al ser interpelado por el Congreso de EE.UU. declaró: “El paradigma moderno del manejo de riesgos estuvo en pie durante décadas. Sin embargo, todo ese edificio intelectual íntegro colapsó este verano”. Autocriticándose, al revés de lo que hacen los economistas ortodoxos de la región que son incapaces de hacerlo, afirmó: “Estoy en estado estupor”.
4. Hay que escuchar a las calificadoras de riesgos para que eso no suceda en América Latina.
Tienen graves problemas de credibilidad. En EE.UU., en la interpelación que les hizo el Congreso, Jerome Fons, ex Moody’s, declaró: “El modelo empresarial prevenía a los analistas de poner los intereses de los inversores primero”, y Frank Reitero, ex Standard & Poor, afirmó sobre sus graves errores “las ganancias presidían todo el show”.
5. Los altos ejecutivos también perdieron, porque sus acciones bajaron.
Hoy se sabe que como sus ingresos estaban ligados a las ganancias de sus empresas, las llevaron al más alto riesgo para ganar más personalmente al corto plazo. Ganaban 2 mil a 1 lo que millones de laboriosos americanos perciben como salario mínimo. Pero además ganaban siempre. Si la empresa ganaba subían sus paquetes. Si perdía, y los despedían tenía que pagarles por despido los “paracaídas de oro”. Sólo los 12 ejecutivos que presidian los grandes bancos durante la crisis recibieron por su fracaso US$500 millones.
6. Con cambios menores en el modelo todo se arregla.
Según las encuestas, los ciudadanos piensan diferente. Exigen intervención fuerte de las políticas públicas para detener la debacle, regulación severa y control de los reguladores por la sociedad, responsabilidad social empresarial, topes a los altos ejecutivos, protección a los deudores hipotecarios; y a las multitudes de desocupados, progresividad fiscal, respeto al medio ambiente, fortalecimiento de las redes sociales y reformulación del sistema económico mundial. Sobre todo, espera que como lo planteó el nuevo presidente electo de EE.UU., Barack Obama, la economía vuelva a estar al servicio del main street de la gente de la calle. En América Latina urge todo eso, en lugar de justificar o minimizar la crisis.