Estos miserables y nefastos servidores públicos, que de servidores no tienen nada, llegan y se presentan con traje, como que fueran unos grandes empresarios o gerentes de alguna entidad privada y productiva, lo cual está muy lejos de la realidad, ya que no cuentan con la capacidad, experiencia y preparación que se requiere en ese ámbito; estos dipucacos sólo llegan a hacer su show circense, como el de la semana pasada cuando un grupo se separa de un partido y, el “maestrito” Arístides Crespo comparte a carcajadas sus decisiones; o que se va a hacer la prueba del nuevo aparato para chequear su asistencia, cual niños de primaria. ¡Qué trabajo!, ¿verdad?
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