Entre los grandes aficionados de Jay Strongwater, se encuentran celebridades como Sir Elton John, Cate Blanchett, Halle Berry y por supuesto, Oprah Winfrey.
A través de su carrera, Jay Stongwater se ha apasionado por objetos enjoyados, ya sea los que están hechos para ponerse en las mesas o los que van en las elegantes curvas del cuello de una mujer. Esto lo ha llevado en un viaje que en varios momentos ha cruzado la linea que divide la moda y el mobilario del hogar. Jay Stongwater comenzó su carrera en 1981 siendo estudiante de la prestigiosa Rhode Island School of Design en Providence, Rhode Island.
Después de recibir grandes halagos por un collar que hizo para su madre, tomó muestras de su joyería a las tiendas por departamentos y así empezó su nueva empresa. A los 23 años su vida cambió al lograr juntarse con el diseñador Óscar de la Renta, con quien empezó a colaborar regularmente en su colección de joyería. Por suerte, el gusto de Strongwater por grandes e impactantes joyas encajó perfectamente con el “look” del día y con los diseños lujosos y exóticos de la Renta. Esta experiencia lo puso en contacto con la Prensa, y tiendas como Neiman Marcus, Saks Fifth Avenue y Bloomingdale’s, que comenzaron a hacerle pedidos cada vez mayores.
De las joyas al hogar
La transición de joyería hacia accesorios del hogar fue por pura casualidad. Como regalo de Navidad a sus amigos, editores de revistas y compradores de las tiendas por departamentos, creó un espectacular marco enjoyado, e inmediatamente todos le pidieron más. En 1998, tan sólo tres años después de comenzar, su negocio de accesorios para el hogar sobrepasó su línea de joyería. En esencia, creó su propio nicho: el joyero que llevó su ojo meticuloso y capacidad artística más allá de las muñecas, cuellos y orejas de la mujer. “Estoy fascinado por la idea de tomar objetos cotidianos y convertirlos en joyas para el hogar”, afirma Stongwater. “Objetos bellos no deben ser guardados en gavetas”. En cambio, Stongwater los coloca en cajitas miniaturas acabadas con esmaltes y cristales, en candelabros y mesas, floreros y en marcos de fotos – todos sus objetos parecen que vienen de un bosque encantado donde cristales de Swarovski caen del cielo como copos de nieve–.
Creciendo a paso firme
Con el paso de los años, la compañía ha seguido expandiéndose y es el resultado del trabajo de casi 125 artesanos altamente entrenados en el “atelier” neoyorquino y en el taller de producción en Rhode Island, donde casi todas las piezas cobran vida. La presencia de Jay Strongwater se percibe en las tiendas por departamento americanas, y ahora, está expandiéndose en Centroamérica de la mano de Casa Casa.
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