Manuel Baldizón ha renunciado al partido oficial y asegura que Sandra de Colom le hizo expulsar porque no quería competencia adentro de la UNE.
Por: Redacción
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¿Por qué se unió a la UNE, después de ser diputado del PAN? – Durante la anterior legislatura impulsé iniciativas en defensa de sectores desprotegidos. Esto me generó simpatía y capital político. La UNE se interesó en mí durante la campaña para fortalecer su esfuerzo, pero sólo me embaucaron. ¿Qué tipo de apoyo les dio? – De diferentes tipos. El Plan de Solidaridad y el Plan de Combate a la Pobreza, que luego Álvaro Colom presentó como propios, los produje yo. Tengo pruebas. Se encuentran en mi página web. Las iniciativas de ley, que según usted le valieron respaldo popular, suponen el reparto de fondos públicos. ¿No es eso mero asistencialismo? – Mi ideología es humanista, no comunista. He perfilado acciones sociales como compensadores y amortiguadores indispensables frente a la persistente pobreza. Tengo la convicción de que hay que favorecer oportunidades a través del desarrollo económico y el empleo productivo, a través del impulso a la empresa y el fortalecimiento del libre mercado. Sin embargo, también, considero responsabilidad del Estado compensar aquellos grupos vulnerables y marginados, que viven excluidos del sistema económico, político, jurídico y social. ¿Acaso no es eso lo mismo que hace el Gobierno de Colom? – No. Mi ideología contradice la del gobierno de la UNE. Entregar transferencias directas sin justificación alguna y sin fiscalización es inaceptable. ¿Llegó a decir esto al Presidente y a su esposa? – No llegué a hacerlo. Ya en el poder intentaron expulsarme de la UNE, era un obstáculo para ellos. Los incondicionales de Sandra y Álvaro me explicaron que no podía correr para la Secretaría General del partido. Lo intenté y lancé mi postulación. Pensé que se podía democratizar el partido. Sin embargo, a pesar del gran apoyo logístico que les di en la campaña, del aporte en recursos millonarios apostados por convicción en el proyecto de Colom, me forzaron cobardemente a dejar el partido. ¿Cuánto dinero le dio a Colom para la campaña? – Mucho. Le aporté más de 400 mil simpatizantes. ¿Quién no recuerda el bus que paseaba por toda la república con las fotos de Colom y mía? Además tomé el riesgo de difundir, obligado por Sandra de Colom, la información que contenía el libro de Frank Goldman contra Otto Pérez Molina. Pero nada de eso vale frente a la ambición y el ansia de poder de la señora de Colom por llegar a la Presidencia. ¿Le notificaron ya la expulsión de la UNE? – Estoy fuera del país, llegué a Guatemala para Navidad a pasar las fiestas con mi madre enferma. Aproveché para presentar mi renuncia el 23 de diciembre. Ya sabía que iban a expulsarme. ¿Supo de su expulsión antes que se produjera? – Entre abogados hay dizque amigos y un par de ellos forman parte del Tribunal de Honor. Me comentaron que doña Sandra había ordenado realizar rápido este trabajo, antes de Navidad. Mis abogados presentaron un amparo para detener las acciones en mi contra, pero la Sala de la Corte, en complicidad con los Colom, retuvo la solicitud de amparo provisional para dar tiempo a que el Tribunal concretara mi expulsión. Tienen capturado todo el poder. La UNE lo acusa de traición e indisciplina. ¿Es cierto? – Soy un hombre de derecho, conozco las leyes y la constitución. Los Colom no han entendido el concepto, la investidura y el compromiso que existe al ser representantes del pueblo. Se argumenta que yo presentaba leyes sin consultarles. Hay que entender que la Constitución le otorga ese derecho y obligación a todos los diputados, no a ningún comité ejecutivo, ni señora o cosas parecidas. ¿Qué iniciativa suya irritó al Presidente o a su esposa? – La de reformas a la ley electoral. Al proponer que la votación de diputados se diera de forma nominal, o sea, con foto en la papeleta, ellos se molestaron mucho. A ellos solo les conviene el oscurantismo electoral, porque muchos diputados no serían capaces de ganar una curul si no es gracias al anonimato. Por esto me tildan de indisciplinado. Las excusas para expulsarme sobraban, pues soy el único afiliado que representaba un peligro para las aspiraciones mesiánicas de doña Sandra. ¿Acaso no se irritó el Presidente por la reducción de impuestos a Ángel González y la ley que impide la comercialización de otras frecuencias de TV, ambas promovidas por usted? – Habría que retroceder unos años y trasladarnos a 2005 cuando, sin pertenecer a la UNE, recibí una llamada de Sandra de Colom, en la cual me pidió que acompañara a Álvaro a Miami, ya que necesitaba que los apoyara con unas iniciativas de ley que un amigo les requería. Pregunté por qué no iba algún diputado de su partido y me contestaron que ninguno entendía de hacer leyes. Por cortesía política con mi paisana lo acompañé. Ya en Miami, en el restaurante Linda B, nos reunimos con dos personas que yo no conocía. Colom sí los conocía. Se platicó de unas leyes relativas a la televisión nacional. En mi calidad de Doctor en derecho y experto en la técnica legislativa, las trabajé a mi regreso y ahora ya dos son leyes, y una tercera a la cual le realizaron un dictamen con algunos cambios que no son de mi autoría. Estas leyes me las pidió y encargó Álvaro Colom, presidente de la república. También se ha argumentado que usted ofrecía obras y dinero a otros políticos para que se unieran a un partido en el cual tenía interés, el Bien. – Es mentira, ni soy afiliado del Bien ni soy su dueño. Nunca di dinero a nadie. La gente que me sigue lo hace por convicción. ¿Cuál es su futuro? – Continuaré trabajando fuertemente por la gente. En cuanto a un nuevo partido político, me daré un tiempo para pensar. ¿Intentará Sandra de Colom ser Secretaria de la UNE? – No este año. Colocará a un advenedizo. ¿Cree que trate de ser candidata a la Presidencia? – No es legal que lo haga, pero es posible que lo intente. Al final de esta relación me siento triste, utilizado. ¿Faltó diálogo con los Colom? – No lo creo, durante la campaña fueron amigables, respetuosos y se mostraban dispuestos a dialogar. Ya en el Gobierno, no aceptaron el disenso, rehúyeron el diálogo y rechazaron la aportación de ideas. Si uno disiente, aunque sea afiliado, ni siquiera lo consideran un adversario sino un enemigo a muerte. |
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