Estas fechas tanto como la Semana Santa serán siempre propicias para reflexionar acerca de la coherencia creencias–prácticas, fe–vida, imaginario–realidad. ¿Haremos tiempo o nos atreveremos a preguntarnos, solos, en familia, entre amigos o en espacios públicos, cuestionamientos como los que siguen? ¿Corresponde la autorepresentación cristiana de la inmensa mayoría de nuestra sociedad con una vida personal, familiar, comunitaria, etcétera, según las enseñanzas de Jesús?; ¿está nuestra realidad social, en la que nos desenvolvemos la mayor parte del tiempo, marcada por los valores evangélicos básicos del amor al prójimo (distintivamente, al enemigo) y los enunciados en el sermón del monte (pobreza de espíritu, mansedumbre, misericordia, limpieza de corazón, trabajo por la paz y la justicia)?; ¿lo que vemos, oímos, olemos, gustamos y palpamos a nuestro alrededor en estos días son solamente las costumbres, el rito y el mito de lo católico y lo neopentecostal –por nombrar las dos más grandes manifestaciones del cristianismo guatemalteco contemporáneo– o acaso expresa una correspondencia vital, cotidiana?
Cierto, no todos somos genocidas, asesinos, terroristas, explotadores, corruptos, ladrones, etcétera; pero el régimen social, económico y político está tan en sus manos, que cabe preguntarse sobre nuestro grado de complicidad, si no de hecho, sí de autorización, beneficio y participación, aunque sea indirecta o ideológicamente. Ello hace que las preguntas apuntadas se sientan retóricas y hasta burlonas. No es difícil responderlas, en Guatemala y en muchas otras partes y tiempos.
Ya observaba Gandhi, con un dejo de irónica recriminación, que “el cristianismo es una excelente cosa, pero los cristianos son decepcionantes”. Devoto de las bienaventuranzas, a las que tenía en altísima consideración a pesar de su religión hindú, opinaba más drásticamente que “lo que se hace pasar como cristianismo es una negación del Sermón del Monte”. Claro que hacía la salvedad de que se refería “a la creencia cristiana, al cristianismo tal y como se le entiende en Occidente”.
Semejante tipo de generalizaciones no pueden ser sino didácticas, como también lo es su célebre respuesta a la pregunta sobre qué opinión le merecía la civilización occidental: “¡Creo que sería una buena idea!”. En esa misma tónica, ¿no sería apropiado preguntarnos ahora, aquí, si el nacimiento de Cristo que recién celebramos es en efecto una buena nueva o tan sólo otra buena idea?
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Ataques personales, insultos, acusaciones o faltas de respeto
Mensajes incoherentes, sin objeto alguno o comerciales
Mensajes con spam, lenguaje sms o escrito todo en mayúsculas
Mensajes con contenido racista, sexista, o cualquiera que discrimine
Mensajes de contenido pornográfico
Piratería, o mensajes que permitan el uso ilícito de material con derechos de autor
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
4 comentarios:
humberto azurdia: (2009-01-07 19:46:01 horas)
Respetado columnista usted se metio a un tema muy dificil de abordar,mi idea es que uno no se debe meter a discutir ni de politica ni de religion mucho menos no hay que herir los sentimientos de los seres humanos,al fin y al cabo esta la cuestion de creer o no creer,comparto muchos argumentos de los señores anteriores y le digo una cosa mas cada quien debe de creer a su manera y por encima del tema y todo estan los dos primeros mandamientos que son lindos pero cuesta ponerlos en practica amar a DIOS sobre todas las cosas y amar al projimo,cuestan cuando se cree pero si uno hace un esfuerzo y lo logra y para terminar le repito que cada quien crea a su manera respetando a los demas o como dice el lenguaje popular que cada quien chingue a la suya...
Rafael Jiménez: (2009-01-07 09:23:35 horas)
Excelente artículo.
Si bien como usted dice somos un país "CRISTIANO", justamente como lo expone usted en su artículo estamos llenos de tradiciones sin sentido. De que sirve hablar tanto, creernos tan ESPIRITUALES los evangelicos, que los católicos hagan todo ese show en semana santa y tantas cosas, si en escencia ni siquiera tenemos el mínimo concepto de que es respeto. Como vamos a respetar a Guatemala si no lo hacemos ni por nosotros mismos. Como vamos a respetar al prójimo y menos a Dios que ni lo vemos. "Ama a tu prójimo como a ti mismo", traducido al guatemalteco, no nos chinguemos unos a otros aprovechandonos de los demás, no dañando el ambiente, corrupción, infidelidades, insultando, robando, etc. etc.
La FE cristiana dice Don Miguel, somos un país de hipócritas, porque el cristianismo lo conocemos por tradiciones y por habladas. De hechos no se ve absolutamente nada. Principios y valores morales, se perdieron hace mucho. De nada sirve tanta espiritualidad sino lo respaldamos con HECHOS.
Bendiciones para los guatemaltecos que más que palabras con hechos demuestran su cálidad como humanos, que se esfueran día a día por una mejor cálidad de vida, que a pesar de las injusticias siguen adelante sin perder su buen nombre y principios. Primero Dios este 2009 sea un buen año, como dicen, ayudemonos que Dios nos ayudará.
Lesly Gonzalez: (2009-01-07 08:50:58 horas)
El Reino de Dios no es de este mundo, porque son muchos los llamados y pocos los escogidos. Yo quisiera encontrar el estudio científico que me asegure que "la inmensa mayoría de nuestra sociedad tiene una autorepresentación cristiana", de ser verdadera esta aseveración, tendríamos la certeza de que los mareros, los asesinos de buses, los narcotraficantes y criminales de toda índole, sí han tenido formación cristiana. -No lo creo.- Por otro lado, no sólo de pan vive el hombre, y los sistemas sociales y económicos han prevalecido a lo largo de la historia humana, aún sobre la fe. La iglesia, católica o protestante, cristiana en fin, no puede tomar el papel del Estado. Denuncia... lo ha hecho desde Juan el Bautista. Creo que el verdadero cristiano, no se si se encontrará alguno entre los muchos "neo fariseos" que que abarrotamos los templos, debe amar verdaderamente al prójimo, vemos santulonas y santulones (Como Doña Carlota de Arjona), que le besan la mano al cura, o se desmayan frente al pastor, que dentro del templo son un manojo de virtudes, pero afuera odian a su hermano. ¿No son estos los sepulcros blanqueados a los que usted, estimado escritor se refiere como cristianos? Miles comulgan en misa o aceptan a Cristo cada domingo, pero en sus trabajos humillan a sus subalternos, son rencorosos, hacen de la mentira su pan diario, envidian al prójimo etc, etc, etc.
En lo que sí creo estar de acuerdo es, que las iglesias, deberían empezar a poner el dedo en esa llaga, ¡salud! por las bienaventuranzas, empezando individualmente, luego siguiendo por las familias, siguiendo con las comunidades, y quizá podrá, influenciar los sistemas que ilusoriamente creemos, que es la fe la responsable de cambiar.
Miguel Ocaña: (2009-01-07 07:35:03 horas)
Respetando siempre la opinión de todos, mi única sugerencia -no solo para usted sino que para todos nosotros - es que debe investigar y estudiar "bastante más" sobre las raíces de nuestra fe Cristiana (católica).
Le recomiendo el texto "¿Quién fue Jesús de Nazareth?" disponible en la facultad de teología de la Universidad Rafael Landívar.
Un abrazo fraternal.
AMDG + EMM
4 comentarios: