Nadie envejece por vivir años, sino por abandonar sus ideales. Eres tan joven como lo sea tu fe, tu confianza en ti mismo, tu esperanza.
Sylvia Gereda Valenzuela
El 2008 se me escurrió como el agua de mar que uno toma en las manos y de repente, sin avisar, se esfuma. No fue un año fácil. Decir adiós a uno de los seres humanos que uno más ha adorado en su vida no es sencillo.
La partida de Carlos Torrebiarte, mi suegro, nos dejó una enseñanza que jamás olvidaremos: el aprender a creer que a pesar de la adversidad, los seres humanos podemos crecer y seguir creyendo.
El papa Juan Pablo II decía que uno solo puede descubrir el rostro de Jesús a través del sufrimiento. Es cierto. Sólo el dolor nos hace más vulnerables frente a la vida y nos muestra de frente, y sin tapujos, nuestras limitaciones. Pero también, sólo es a través del dolor que podemos descubrir nuestras grandes fortalezas y la fuerza interna que nos hace sobrevivir ante las pruebas.
Luego de transitar diez meses al lado de Carlos y su cáncer terminal en el páncreas, he llegado a comprender que tanto la enfermedad como la muerte pueden ser una condena o una redención. Los momentos difíciles nos entierran o nos hacen crecer. Y en el caso de Carlos, su muerte vino a dejar muchas bendiciones y lecciones de fe, fortaleza y esperanza, en medio de tanto dolor.
Hace apenas tres meses, falleció mi queridísimo suegro y traigo esta historia a colación, porque cuando terminó el año, como es mi costumbre, tuve la dicha de sentarme junto a mis amigos más queridos en Río Dulce y hacer un balance de lo que fue el año que dejamos. Entonces, y a pesar de los momentos difíciles, no pude más que dar gracias a Dios por todas las cosas buenas que han sucedido en mi vida.
En lo personal, me siento agradecida de tener una familia espectacular, nadie puede pedir mejores amigos de los que yo he tenido en mi vida y tengo la bendición de caminar junto a personas con mística y vocación de servicio que me han dado grandes lecciones de vida y de perdón. El año que dejamos, también me trajo de regreso a extraordinarios amigos, que los años habían dejado lejos.
Uno puede empezar el año renegando por los acontecimientos que han herido nuestras vidas o puede, simplemente, ver para adelante y tratar de agradecer por todas las cosas que siempre han estado allí, pero que el dolor no ha permitido que veamos. Estoy segura que este 2009, será de muchos retos para los guatemaltecos. Habrá momentos difíciles, que quizás con tenacidad y fe, los podamos transformar en grandes oportunidades para vencer nuestras debilidades.
Desde el lunes, he estado trabajando intensamente en una investigación que intenta plasmar en cifras el dolor por el que han pasado miles de guatemaltecos en el último año.
Los rostros humanos, convertidos en números son dramáticos. Se contabilizan más de 33 mil hechos criminales en 2008. A los cementerios llegaron casi 7 mil padres, madres, niños, abuelos y jóvenes inocentes que fueron asesinados a sangre fría y dejaron a su paso miles de viudas y huérfanos desamparados. Simplemente, porque el Estado de Guatemala ha sido incapaz de garantizar los derechos esenciales de la vida y porque el salvajismo y el desprecio a la vida se han enquistado en el alma de cientos de psicópatas que andan sueltos por las calles. Es difícil, muchas veces, comenzar el año cuando la tragedia ha entrado y se ha colado sin permiso, en la vida de uno. Sin embargo, debemos intentar tener una balanza que se mueva en una medida justa, porque siempre habrá algo qué agradecer.
Traigo a colación, en este inicio de año, la triste partida de mi suegro, porque estoy convencida que puede servir de inspiración a muchos que hoy miran con nostalgia “esa silla vacía” que dejó ese ser querido.
Estoy convencida que sólo enfrentando la vida con coraje y valentía vamos a poder salir adelante. Hace poco, leí una frase de Douglas McArtur, comandante supremo de las Fuerzas Aliadas durante la Segunda Guerra Mundial, quien decía: “Nadie envejece por vivir años, sino por abandonar sus ideales. Eres tan joven como lo sea tu fe, tu confianza en ti mismo, tu esperanza. Eres tan viejo como tu temor, tus dudas, tu desesperanza”.
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3 comentarios:
jaime osorio: (2009-01-08 11:51:12 horas)
Sylvia: el asunto no es cuántos años vivamos o cuándo muramos. Se trata de cómo vivamos y que cuando muramos estemos satisfechos con lo que vivimos. Dios bendiga a su familia y el mejor homenaje a don Carlos es mantener vivos sus aportes y principios.
Barbara Arroyo: (2009-01-08 07:14:15 horas)
Lo que dice Sylvia Gereda es muy cierto. Debemos aprender a ver las oportunidades dentro de las crisis. La pérdida de un ser querido es algo sumamente difìcil, pero el quedarse lamentando su partida únicamente entristece más su recuerdo y no honra su memoria. Uno debe construir sobre el legado que quienes una vez estuvieron con nosotros, compartieron y nos dejaron. Muchas veces no podemos explicar los designios de Dios pero Él sabe porqué se lleva a quien se lleva. Gracias Sylvia por compartir su pena que al hacerlo, se convierte en media pena y le permite a otros reflexionar sobre cómo poner en perspectiva la ausencia de alguien tan querido.
Jorge Torres Giron: (2009-01-08 06:28:51 horas)
Sra. Gereda gracias por su reflexion y comparto su vision respecto a esa silla vacia, como enfrentarlo y la frase final de MacArthur, genial sobre todo cuando se empieza un año.
Muchas gracias.
3 comentarios: