Cada día, el cadáver de una mujer es encontrado en un barranco, el vecino es secuestrado, el carro del amigo es robado, el bus en que viajaba un compañero es asaltado. Los guatemaltecos continúan cayendo víctimas de la violencia. Para mientras, la Policía asegura que la violencia no ha aumentado y el presidente Álvaro Colom pide paciencia. Pero la realidad que observamos es otra. Las estadísticas muestran que algo grave está pasando en Guatemala.




