Mi amigo Jorge, previniendo el autocomplot que muchas personas se aplican después de trazar los propósitos de principio de año; se inscribió en un gimnasio a finales de noviembre.
Rosina Cazali / No Lugar rosinacazali@gmail.com
Mi amigo Jorge, previniendo el autocomplot que muchas personas se aplican después de trazar los propósitos de principio de año; se inscribió en un gimnasio a finales de noviembre. Jorge no es del tipo de persona que pudiéramos calificar como entusiasta de los aerobics. Ahora reparo en que la relación de Jorge con los ejercicios puede resumirse en la única frase que exteriorizó después de su primera semana de vida saludable: “Esto es humillante”. Pero ahí va. Sale a las seis de incógnito. Atraviesa la neblina aún apostada en el centro histórico, acompañado de Lucía, que, según dice Jorge, se mece de manera estrepitosa sobre las inmensas bolas de pilates.
Desde el emporio de ejercicios de Jane Fonda, el plan de las empresas dedicadas al movimiento corporal y sus secuelas sudorosas, se funda en hacernos creer que necesitamos ejercitarnos en pro de un futuro libre de osteoporosis, estrés y exceso de kilos. Algo muy propio del beneplácito burgués sobre la cultura de masas y, en décadas pasadas, antítesis del sentimiento anti–ejercicio de los intelectuales, a quienes les ha interesado más despotricar contra las tendencias y sus reglas predecibles. En realidad, hoy día habría que elevar un monumento a su resistencia contracultural y convicción pacifista. A sabiendas que definen su propia vía de extinción, estos queridos escépticos vislumbran el establishment de los gimnasios a través de la dictadura de sus instructores y se justifican en la imposibilidad de imaginar a Bukowski o a Henry Miller atravesando el umbral de un yacusi.
Sin embargo, amigos míos, intelectuales, tengo que decirles que de algo bueno se están perdiendo. La retórica pro ejercicio, su teatro de vanidades, su griterío de histéricos, bicicletas que no van a ningún lado, dosis de yoga y meditación trascendental, pastillas quema calorías y otras secuencias borreguiles, son algunos de los escenarios más delirantes y puestas en marcha de los instrumentos de auto definición social contemporánea. A pesar de ese sentimiento culposo, de ir en contra de los principios de la razón y la sensibilidad social de antaño, en estos tiempos es aconsejable embarcarse, por lo menos una vez, en la experiencia del gimnasio.
Resulta de una belleza extraordinaria encontrarse en estos templos del fitness. Desde el salón más lujoso hasta la galera marginal sin servicio de baño, potencian relatos descomunales. Más allá de la simple expectativa del adelgazamiento, ahí fluyen los instintos humanos más primitivos, los hombres continúan desarrollando el tamaño de sus músculos para proteger sus territorios viriles, defender a sus mujeres y sus pertenencias. Ellas intentan romper los viejos mitos de doncellas desprotegidas en función de los nuevos relatos de amazonas autosuficientes.
Lugar idóneo para la práctica del flirting. El gimnasio es un diccionario abierto de léxicos urbanos, frases hechas y lugares comunes, donde nadie es protagonista y el sublime placer del ojo voyeur está a la vuelta de cada caminadora. Creo que Jorge por fin lo ha entendido.
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4 comentarios:
angel ivan romero perez: (2009-10-25 20:10:29 horas)
como puedo llegar al gim
marcela azurdia: (2009-01-19 01:09:38 horas)
Muchas veces no comprendo el objetivo de estas columnas. A veces me encuentro leyéndolas, y pienso en todo el espacio valioso que gozan quienes las ocupan, y lo único que hacen es contar cualquier historia solo por mantener su vigencia como personaje público.
Manuel Aler: (2009-01-14 12:27:34 horas)
Aunque no haya luchas sociales, hay quema de llantas.
alfonso villacorta: (2009-01-14 09:39:52 horas)
Mas que entendido, Jorge se ha resignado. El gimnasio es el santuario del eunuquismo con esas bicicletas que no conducen a ningun lugar, fajas caminadoras con las que no se llega a ninguna parte, al igual que con esos simulacros de lanchas de remo. Ya no hay luchas sociales ni de ninguna otra, mas que contra las llantas, sobrepeso, colesterol, trigliceridos y contra el espejo.
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