De todas las posibles razones por las cuales una agencia de publicidad se quejaría de alguno de sus clientes, existe una que sobresale entre las demás por su estupidez.
Son las 5:30 de la tarde y de una puerta doble de vidrio que se abre en un piso alto de un edificio importante sale un pequeño grupo de caras largas a esperar un ascensor para salir del lugar, y después de un profesional silencio, mientras están en un territorio seguro, alguno de ellos dice con profunda sabiduría: ¡yo sabía que iban a escoger esa campaña! Ahí va saliendo del edificio en cámara lenta un grupo de indignados publicitarios.
Hemos estado ahí, tal vez más de una vez, es un deja-vú, como la mayoría de cosas que nos molestan del negocio y al final son culpa nuestra.
Si nos tomamos el tiempo para pensar en una o dos campañas muy buenas que sabemos que funcionan de p. madre y llevamos una segunda o tercera opción de campaña plana, insulsa y tibia y después nos quejamos porque nos la compran pues heyyy!!!, ¿hay algo mal con nosotros no?, para comenzar no deberíamos vender algo que no queremos que nos compren, no tiene ningún sentido.
¿Qué pasaría si todo lo que llevamos es muy bueno o por lo menos estaríamos felices de que lo compren más allá de la necesidad económica de facturar?, ¿algo tendrán que comprar no?, y si no nos compran nada pues podemos volver a pensar cosas aún mejores ¿no? ¿Qué pasaría si le damos recreo a nuestra capacidad tercermundista de auto-compadecernos y entendemos como un hecho que podemos hacer cosas mejores que cualquiera que haya tenido acceso a un lápiz y un papel y además las vendemos?
Como decía J. F. Kennedy: (más o menos) no se pregunte qué puede hacer la publicidad de su país por usted, pregúntese qué puede hacer usted por la publicidad de su país, y mientras sigamos llevándole a nuestros clientes campañas “safe” que terminan comprando, mientras nos dé hueva pensar en mejores campañas que llenen los espacios de tv, radio y calles, mientras no nos pidamos más huevos entre nosotros mismos, va a pasar lo peor que puede pasar con nosotros… nada.
El problema no es que publicitariamente seamos malos en Guatemala, el verdadero problema es que no existimos en el mapa… todavía.
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