Un problema real y cotidiano de la seguridad pública es el desfase del operativo policial y la judicialización del delito. Esto quiere decir que las fuerzas policiales podrían realizar investigaciones de bandas hasta llegar a su captura, pero el fiscal probablemente no presenta bien el caso ante el juez o quizá si lo formula con solidez los acusados reciben una sanción menor que no corresponde a la gravedad del ilícito.
También suele ocurrir que el delincuente, una vez sentenciado, llega a la cárcel a imponer su ley. Como nuestros presidios no hacen una clasificación de los reos según su historia criminal o la gravedad del delito, es común que los delincuentes poderosos reproduzcan en prisión su reino de impunidad. Montan negocios aparentemente sencillos (venta exclusiva de agua embotellada, artículos de aseo, colchonetas, snacks, renta de sillas y mesas para las visitas) que en escala representan ganancias netas de entre Q80 mil y más de Q100 mil al mes.
Eso sin contar la cadena de delitos que reproducen dentro, extorsiones, menudeo de drogas, tráfico de armas y la dirección de sus bandas (secuestradores, traficantes, extorsionistas) desde la misma cárcel. O sea, la población tiene razones poderosas para no confiar en el debido proceso que establece el sistema legal. Está pervertido. Es lo que orilla a la gente a linchar, venadear o elaborar listas y contratar sicarios para ejecutar a presuntos delincuentes.
El escenario deseable es que “muerto el perro se acaba la rabia”. Pero muchas veces, en la historia personal o comunitaria, el cálculo fue cuando menos optimista o ingenuo. No se evaluó correctamente el contexto de pandemia criminal e impunidad.
El dilema ¿permanezco inerme sujeto a la suerte que echen sobre mí los criminales? o ¿me armo (asumiendo todas las implicaciones), contrato guardias o envío gatilleros para salvaguardar mi integridad y la de mi familia, dado que la autoridad no lo va a hacer?
El dilema es real, pero las salidas al fin del día conducen a un callejón. Y todos arribamos más temprano que tarde a ese callejón, solos, temerosos (cuando no paranoicos) e incomunicados.
Hasta que alguien levante la cabeza por encima del muro y sugiera: debe haber una autoridad legítima y legal encargada de portar el arma.
Entonces y sólo entonces retornaremos al punto cero y empezaremos a reinventar los rudimentos de Estado.
Sin organización la comunidad tiene sus días contados.
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4 comentarios:
hector v.villeda: (2009-01-26 14:49:27 horas)
Adelante Lic. Gutierrez, siga aportando ideas.
Al final tiene que verse la luz del tunel. Claro siempre habrá gente que no entiende o no quiere entender que los gobiernos requieren de sus mejores hijos para salir adelante.
Cesar Rivera: (2009-01-26 14:03:38 horas)
La manera mà s fà cil de instaurar una estado tirà nico es cuando las fuerzas de seguridad està n armadas hasta los dientes y los ciudadanos està n desarmados e indefensos.
Pregùntele a cualquier historiador honesto.
Julio Melgar: (2009-01-26 11:20:35 horas)
Señor Gutierrez, gracias por dejarnos un pais como el que usted mismo acaba de describir. Gracias por sus 4 años de servicio publico como mano derecha de Alfonso Potillo, el presidente mas corrupto de la historia del pais. Y usted, su complice (jefe de la SAE y Canciller).
Raul Osegueda: (2009-01-26 08:11:38 horas)
Que horrible vivir asi!. estan en una carcel sin techo.
4 comentarios: