Resulta irisorio pensar que los políticos puedan resistirse.
Hugo Maúl
Nunca antes las reservas monetarias internacionales del Banco de Guatemala habían sido tan altas. Los US$4 mil 700 millones, en un entorno internacional en donde escasea la liquidez, son activos muy importantes para la solvencia financiera del país. De esa cuenta no sorprende que la Junta Monetaria decidiera poner a disposición de los bancos una mínima cantidad de esos fondos para afrontar los problemas de liquidez de corto plazo de este sector. Técnicamente pareciera ser una medida acertada; a largo plazo parece más importante salvaguardar la integridad del sistema bancario que mantener “inmaculadas” las reservas internacionales. Sin embargo, no puede negarse que, dada la estrechez de liquidez nacional e internacional, más de un sector estaría interesado en recibir un tratamiento similar al de los bancos. Algo que, de acuerdo a las leyes respectivas y al celo que caracteriza a los técnicos del Banguat, es virtualmente imposible que llegue a ocurrir.
Sin embargo, por más que se compartan los criterios técnicos que respaldaron el tratamiento a favor de los bancos y que uno confíe ciegamente en las decisiones que toman los miembros de la Junta Monetaria, suponiendo que tal cosa es posible, el expediente de utilizar las Reservas Internacionales para asistir a un sector económico debe tomarse con cautela.
Aunque las leyes dificulten usar estos fondos para asistir a cualquier otro sector económico; que las reservas están “blindadas”; que la Junta Monetaria no se preste para eso, no se puede ser tan ingenuo y creer que no hay nada de qué preocuparse.
Antes de que se desatara la presente crisis financiera nadie hubiera justificado el uso de estas reservas para asistir a los bancos. Las circunstancias cambiaron y ahora la realidad es otra. Al final de cuentas, siempre habrá excusas que hacen posible lo que parece imposible.
No importa qué leyes esgriman los abogados, qué explicaciones rebuscadas inventemos los economistas, ni qué garantías ofrezcan los reguladores, cuando el total de las Reservas Internacionales, el “botín”, asciende a más de Q30 millardos, resulta ilusorio pensar que los políticos pueden resistir una tentación tan grande. Sobre todo, en tiempos de crisis y en un contexto en donde el populismo reina por doquier. Hoy fueron los bancos, mañana quién sabe.
Esperemos que mediante estas acciones, aparentemente bien intencionadas, no se haya abierto la puerta para cuestiones mucho más graves.
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3 comentarios:
Miguel P. Vesco: (2009-01-26 11:03:05 horas)
El peligro es que se utilicen las reservas para fines "populistas".
sergio licardie: (2009-01-26 10:36:14 horas)
Las reservas y el mimeógrafo funcionan en las épocas difíciles. Ej cuando un presidente ladrón deja vacías las arcas. Sin embargo en estas épocas las reservas internacionales pierden valor de cambio. En USA se han usado las reservas para favorecer al sistema bancario, nosotros como somos poderosos hacemos lo mismo. Se fortalece a los bancos y estos siguen a flote pero el pisto se lo quedan los socios que recuperan su capital. La estrategia debe ser favorecer a los clientes de los bancos, los de las hipotecas a que salven su casa, se quedan con una deuda de gobierno de poco interés y el banco recupera su dinero. De lo contrario seguirán explotando al de la hipoteca y el sistema sigue en crisis.
Roberto Ximenej: (2009-01-26 06:45:28 horas)
¿Y la deuda del estado que tal?
Hay que ver lo que tenemos en deuda internacional y emisiones de bonos cuanto suman y como esta y entonces, esas reservas ya no son tan reservas ni tan botín, o si.
3 comentarios: