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    Guatemala, jueves 29 de enero de 2009

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    OPINIÓN

    Los predicadores

    Méndez Vides

    Un pequeño pastor que no vino de la evolución.

    “A mí no me trajo la cigüeña, yo no vengo de la evolución”, grita el niño entacuchado ante un público feliz, matándose de la risa, porque al predicar está haciendo el ridículo y todos lo festejan. Toma el micrófono con insolencia. Se mueve de un lado al otro con autoridad. Emplea una mezcla de palabras aprendidas, de cuyo significado no tendrá idea alguna, con otras propias de su edad, y el producto es un video que circula en la red y ya han visto más de 55 millones de personas en el mundo.  También hay niños que hacen de artistas de cine, que se disfrazan de cantantes famosos, pero el niño predicador se ha hecho popular porque es un imitador de una nueva tendencia en el mundo, la de los famosos nuevos sofistas que llevan consuelo a las masas y ofrecen un espectáculo extraordinario que impresiona, emociona, conmueve y distrae.

    En sus tiempos de gloria, la Iglesia católica encontró en el misterio el mejor canal para que el hombre pudiera entablar relación íntima y privada con el más allá.  Sería por eso que los templos eran fastuosos, repletos de la iconografía del dolor de Cristo, y la misa se pronunciaba en latín, un idioma que nadie entendía, y el ambiente silencioso favorecido por las olas de incienso enlazaba con lo sagrado y misterioso, para que cada quien rezara o pensara en silencio, mientras el rito se sucedía.  El sonido de la campanita tocaba la fibra más profunda de los presentes.  A la mitad, el cura dictaba sermones doctorales o sencillos, influían en la conciencia pública o hacía política, o aburría a los presentes con sus regaños contra la minifalda.

    Poco a poco la Iglesia se ha modernizado, aunque su terror a transformarse le hizo perder interés en el mundo.  La restricción al matrimonio de los sacerdotes les ha sumido en el atraso, pero la obstinación de la organización mundial dio lugar al surgimiento de los nuevos predicadores, gente que hace las veces de los curas, siguiendo el modelo de las sectas cristianas, y a cada momento se escucha más de católicos llegando en masa y llenando estadios, ahora se abrazan, cantan y lloran como antes solamente lo hacían los protestantes. El rito se transformó a lo casino de Las Vegas. Ahora la divinidad se hace presente a través del milagro de las conversiones según testimonio público, y de muletas que alguien tira y anda, entre exclamaciones, y no sé si alguien creerá en lo que ocurre allí, si es cierto o no, pero la pasan bien. Es como ir al teatro, al cine, pero se sienten mejor al salir al frío de la noche, en montones, para retornar a la realidad de sus vidas rutinarias.

    El niño predicador es un ejemplo de lo que quieren ser los niños hoy en día, en lugar de artistas o presidentes. Yo soñaba con ser el Llanero Solitario, pero nada que ver con pastor estrella, ante una masa impresionante que aplaude, ríe y goza. Es el mundo nuestro, el de los grandes espectáculos y las grandes emociones enlatadas.

    Méndez Vides

    28 enero 2009

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