La costumbre tradicional chapina del pequeño ahorrador está sirviendo en la actualidad para hacerle frente a la crisis. Cientos de miles de personas ahorraron a pesar de las dificultades. Las amas de casa se rebuscaron para añadir eventualmente unos cuantos quetzales a las libretas de ahorro que tienen escondida entre la ropa vieja. Hay muchas necesidades, pero el guatemalteco tradicional, el que aún se opone a caer en las redes desbaratadoras del consumo, comió menos y ahorró para los días malos, para cuando el desempleo se anuncia, cuando la edad impide incorporarse al trabajo, cuando las remesas escasean. Y ahora que con la crisis lo necesitan, limpian las telarañas a su libretita y acuden al banco, y hacen la fila para enterarse que su cuenta está “inactiva”, porque ahora el dinero ahorrado no tiene vida por más de seis meses.
La gente más sencilla se queda con la boca abierta, y empieza el calvario de más filas, a presentar documentos para que se las reactiven, y los bancos más irrespetuosos hasta exigen una carta rogándole al banco, pidiendo perdón, como nos ha acostumbrado nuestro amable Presidente, porque en seis meses o más no le han dado uso a la dichosa libretita. ¿Cómo se atreven? Hay gente que casi llora, los más tímidos prefieren perder lo suyo, porque el banco les robó, igual que ocurre cuando en el cajero marcan su solicitud pero no sale la plata. Muchos pasan el calvario de la devolución luego de un tiempo, cuando la necesidad quizá ya no exista, pero otros tragan saliva y creen que no tendrán pruebas para demostrar nada y le regalan a la institución lo propio.
¿Por qué la insistencia de los banqueros de obligar a la gente a estar moviendo sus ahorros? ¿No es ya de por sí una ganancia impresionante recibir de miles de personas el dinero a cambio de alrededor de un uno por ciento, y utilizar esa plata para dar préstamos a otros cobrándoles más de diez veces lo que pagan? ¿Y desde cuándo una cuenta de ahorro con depósitos está inactiva? ¿Acaso no produce día a día míseros intereses? Lo que no se comprende es que los bancos quieran obligar a la gente a que saque y meta el dinero todos los meses, como las tradicionales cuentas monetarias. Lo que quieren es que el guatemalteco ya no ahorre, que saque lo suyo y lo ponga en la tradicional bolsita plástica para enterrarlo en la maceta de camelias. Los escuálidos intereses no atraen, y ahora son irrespetuosos con la gente, los llevan de un lado al otro, los mangonean, y todavía esperan que los borregos les den las gracias. Si usted tiene una cuenta de ahorros y no quiere moverla, pregunte cuáles son las reglas antes de escoger un banco, porque si el suyo tiene la mala costumbre de los avorazados que “congelan” el ahorro luego de seis meses, mejor váyase a otra parte, o guarde su platita dentro del colchón. Se evitará enojos y abusos.
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