“¿Somos humanos o somos bailarines?” Es algo que dice en la canción Human, el cuarteto The Killers, que incluye en su tercera y nueva placa Day and age.
Jorge Sierra / Mondo sonoro Mondosonoro2003@yahoo.com.mx
“¿Somos humanos o somos bailarines?” Es algo que dice en la canción Human, el cuarteto The Killers, que incluye en su tercera y nueva placa Day and age. La frase fue motivo de polémica entre seguidores a través de Internet y blogs. Aunque de por sí, el cuarteto de Las Vegas, se ha caracterizado por esculpir letras crípticas que son ya marca de la casa. Pero también, esta vez hay un ingrediente adicional, y ya el cantante Brandon Flowers lo reveló: “Es el disco más divertido de la banda”.
Ante esto, cabe percibir la espontaneidad, la innovación y la frescura del material. De ahí que se desmarquen de lo hecho hasta ahora en canciones como Joy ride, con un solo de saxofón dentro de un ritmo disco o en I can’t stay, donde se perciben inflexiones dub. En suma le adhieren una capa de pop al material. Ahora bien, las letras son espectrales, desesperadas, emotivas, y si bien a veces no tienen sentido, detrás hay feeling, desesperación y pasión, que se redondean con esa voz melancólica y directa de Flowers.
Ese componente pop no interviene a hurtadillas. Ya, medio en serio medio en broma, Flowers le dijo a The Quietus, que Day and age, no es más que la continuación de lo hecho en su placa anterior, “es como contemplar Sam’s Town desde Marte”, y que todas las canciones habían sido inspiradas en Elton John, David Bowie y Lou Reed. De hecho dijo que la canción Neon tiger, le llegó cuando “trataba de escribir como lo hace el grupo MGMT”.
Así, con todas esas consideraciones sus temas a veces suenan como Duran Duran, otras como Steve Miller y otras más como Daryl Hall y John Oates, este último es evidente en The world we live in. Yuxtaposiciones que a ciencia cierta no se sabe si son intencionales o accidentales. Pero a The Killers les quedan bien. De hecho este es un disco que acaba con la monotonía. Eso sí, no hay que ignorar que el grupo peca por ratos al exagerar los dramas como en Losing touch, la primera del disco, donde dicen: “Run and tell your friends I’m losing touch”.
En fin esta placa, muestra a un cuarteto capaz de reinventarse. Aun con el defecto ya mencionado y esa seguridad de que no se está frente a un trabajo serio de rock pero sin caer en esa comercialidad banal, el álbum se merece una buena escucha. Usted no se arrepentirá, sobre todo, si encuentra placer en las historias que los patojos cuentan con imaginación, y un tanto crípticas del atribulado mundo que viven.
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