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Walter Peña
Norma Cruz y su fundación han llevados casos como el de las madres a quienes les robaron sus hijos para darlos en adopción.
Norma Cruz tiene 47 años y un trabajo que pocas veces le permite descansar. No se considera feminista sino luchadora de los derechos de la mujer. También muy católica. Su terapia para mantenerse fuerte consiste en llorar.
Cuando habla de su labor y el camino recorrido afirma con las manos en el pecho: “Me mantiene fuerte la cara sonriente de las mujeres que piden ayuda. Esas que vinieron sin aliento y sin esperanza y que ahora tienen una nueva vida”. “Nunca me van a ver deprimida ni derrotada. No me doblego ni me doy por vencida”.
Cruz regresó a Guatemala el viernes 13 tras recibir de manos de la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, y la primera dama de ese país, Michelle Obama, el premio internacional a las Mujeres de Coraje que compartió con otras seis mujeres. El galardón fue establecido en 2007 por la entonces secretaria de Estado Condoleezza Rice y sus nombres fueron seleccionados de un listado de 80 personas.
Clinton y Obama reconocieron la labor que Cruz hace al frente de la fundación Sobrevivientes, que ella creó en 2003 y que desde entonces acompaña a víctimas de la violencia en los procesos de recuperación emocional y legal.
En casa
Sobrevivientes comenzó en la sala de su casa y luego de una conversación en la que prometió a su hija, abusada por su padrastro, a luchar por combatir la injusticia del país. Ahora es una organización no lucrativa y sin intereses políticos integrada por un grupo de profesionales que trabaja en defensa de las que sufren a causa de la violencia sexual, intrafamiliar y asesinato.
Madres, adolescentes y niñas encuentran ahí el apoyo y asesoría que necesitan para superar el miedo y romper “el muro de la impunidad”, indica Cruz. Esta ONG se sostiene mediante ayuda de la comunidad internacional y recursos que le otorga el Estado por medio del presupuesto del Ministerio de Salud Pública. Sin embargo, aún no ha recibido los fondos correspondientes a 2009, Q2 millones.
La izquierda en su vida
En la escuela República de Cuba no sólo recibió sus estudios de educación primaria. También conoció a personas que contribuyeron a formar su conciencia social y que marcaron su personalidad. La secundaria la cursó en el Instituto María Luisa Samayoa Lanuza, donde fue fundadora de la asociación de estudiantes. Desde entonces, a finales de los años setenta, tuvo relación con el grupo Juventud Patriótica del Trabajo, la rama juvenil del Partido Comunista.
Cruz no lograba entender el significado de términos como oligarquía, capitalismo y comunismo pero no dudó en integrarse al Ejercito Guerrillero de los Pobres (EGP) después de la quema de la Embajada de España, en 1980, no para combatir sino para realizar un trabajo político, Se retiró de la agrupación guerrillera luego de la firma de los Acuerdos de Paz en 1996.
A los 19 años salió de Guatemala y se exilió en Nicaragua, donde nació su primera hija. Regresó legalmente al país en diciembre de 1982 y comenzó a trabajar y apoyar a los desplazados internos, campesinos y pobladores de áreas marginales.
Es Bachiller en Ciencias y Letras y Secretaria Comercial. Nada más. Sus circunstancias no le permitieron ingresar a la universidad, pero posee un amplio conocimiento y dominio en materia de derecho, psicología, medicina forense y ciencias de investigación criminológica. También recibió formación del Instituto Interamericano de Derechos Humanos.
Cruz es una mujer de carácter equilibrado y sereno pero eso no le impide enojarse cuando la situación lo requiere. Si estuviera en sus manos la imposición de sentencias no sería compasiva. Apoya la pena de muerte o, en su defecto, la cadena perpetua.
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