La gota que rebalsó el vaso: el caso de los menores que rifaron a su maestro para asesinarlo, y, literalmente, jugar con su corazón. Luego, la pregunta: ¿son rescatables esos niños? Terrible cuestión que anda de boca en boca, de cola en cola, de bar en bar. La sola interrogante representa un estado de alarma, porque escondida en ella están, por parte de muchos, soluciones presentistas que para nada alivian el mal. No cree usted que sería mejor preguntarse: ¿es rescatable la sociedad que los ha formado? Y más aún, ¿qué hacer para evitar que los que están por nacer no caigan en las garras de un Estado infeliz? El macabro comportamiento de esos niños es reflejo de una sociedad enferma. Parece que si no comprendemos el fenómeno de la violencia de raíz, sus orígenes, su expansión y su comportamiento, entonces no podremos combatirlo. Estamos dando palos de ciego.
Se entiende por epidemia una enfermedad ampliamente extendida que afecta a muchos individuos en una población. Un incremento significativamente elevado en el número de casos de una enfermedad. Los niveles de violencia a los que hemos llegado y la forma en que esta se manifiesta, hacen evidente que se ha convertido en epidemia. Enfermó casas, escuelas, barrios, pueblos, calles, camionetas y corazones. Entonces necesitamos con urgencia la intervención del Ministerio de Salud para que lleve a cabo estudios epidemiológicos, porque sí, es hora de ver la violencia como una voraz epidemia social. Sólo así podremos entender su comportamiento, su despliegue y atacarla integralmente y no únicamente por una de sus vías que es la represiva.
¿Por qué somos tan violentos? ¿Por qué la indiferencia? ¡Es aterrador! Conozcámonos nosotros primero, porque la demostración de fuerza y el despliegue de represión no están logrando resultados. La violencia ya es una emergencia de salud pública.
Es hora de entrarle al flagelo desde más frentes que los acostumbrados. Educación es uno de ellos, sí: cubrir con más énfasis y calidad a más de la mitad de la juventud que queda expulsada del sistema, en la calle, a la mano de Dios. Pero si vamos a tratar el fenómeno de la violencia integralmente, debemos incluir también a Salud Pública. Alianzas estratégicas, que permitan atacar de una manera “inteligente” la epidemia que se come bocado a bocado la primavera de un país que por ahora, no se conoce a sí mismo.
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3 comentarios:
Manuel Aler: (2009-03-18 18:31:22 horas)
Mis felicitaciones por la forma de abordar el caso de estos menores (y otros que se hacían pasar por menores) que asesinaron a su maestro, el Sr, Winter.
Contrasta su enfoque, con de otro "columnista" de este mismo diario.
Su propuesta de estudiar y profundizar sobre las causas de estos episodios aterradores es la clave para hallar las soluciones a corto, mediano y largo plazo.
Otto R. Menéndez: (2009-03-18 08:47:23 horas)
Me permito aclararle que la epidemiología no es solo de salud pública, en un sentido lato o amplio se aplica a todos los campos (“epidemiología de los divorcios”, “epidemiología de los linchamientos”). La “epidemia de la violencia” es algo que debe estudiarse por planificación del gobierno y todos nosotros. Además no debe interpretase solo en sus aspectos fenomenológicos sino ir a su esencia y hacerle frente con INTELIGENCIA (que ofrecieron los actuales gobernantes), no solo con más violencia que es lo que hacen y ofrecía el del puño cerrado. Finalmente, la calidad educativa, no solo debe basarse en aplicar lo más recientemente descubierto en el campo de la escolarización, sino también orientarse a las características concretas de nuestra población multiétnica, multilingüe y multicultural, determinadas profundas, detallada y críticamente.
Roberto Ximenej: (2009-03-18 06:55:49 horas)
La epidemia mas prolongada de Guatemala sigue siendo la pobreza que acarrea la carcel de la ignorancia y la muerte de las enfermedades curables. En las sociedades que se concentran en minimizar el flajelo de la pobreza, se a eliminado en grandisima parte la violencia social...
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