Ella mantenía sobre el regazo una caja llena de chocolates de diferentes colores y distintas formas y sacó uno oscuro y se quedó sosteniéndolo entre sus dos dedos muy largos.
“Naipes”. “¿Cómo?”. “Que jugaba naipes, le digo”. Tenía el rostro arrugado y anémico, el pelo teñido de un color mandarina. Estaba en bata de toalla y pantuflas y a mí me dio la impresión de que estaba ya siempre en bata de toalla y pantuflas. “Perdía todo jugando naipes”, balbuceó. “Nos dejaba sin dinero y mi mamá entonces tenía que ver de dónde sacaba dinero para la comida”. Volvió la vista hacia abajo y se dio cuenta de que el chocolate le estaba ensuciando los dedos. Lo metió de nuevo en la caja. Había ahora sobre su muslo dos manchas cafés. “¿De dónde era?”, le pregunté. “¿Quién?”. “Su papá. ¿De dónde era?”. “Ah, de Damasco”. Estaba reordenando los chocolates en la caja, distraídamente, casi sin darse cuenta. “Era un árabe muy árabe”. Cambió de lugar un chocolate rectangular, luego un chocolate blanco. “Sólo nos era permitido besarle la mano”. Sacó un chocolate negro y esférico, que quizás era una cereza envuelta en chocolate amargo, y lo movió hacia el lado opuesto de la caja. “Sus hijos sólo podíamos besarle la mano”. Lo susurró con sus propias manos débilmente empuñadas. “Nada más”. En un movimiento dilatado y torpe, abrió sus manos y las situó con ternura sobre la caja de chocolates, palmas hacia abajo, como si quisiera protegerlos de algo. “¿Sabe usted qué se siente enterrar a un padre que jamás se abrazó?”.
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5 comentarios:
Kim Lam: (2009-03-22 20:03:34 horas)
Bien por El Periódico! Eduardo Halfon es un talentoso escritor guatemalteco. Estamos sedientos de su literatura, un pequeño oasis en el mar de tragedias de las noticias de nuestro país.
Luis Laparra: (2009-03-19 17:19:34 horas)
La magia del cuento corto. Una lección de cómo se escribe y de lo que es capaz el idioma en manos de quien sabe su oficio a profundidad. Exquisita pieza en verdad, que contrasta con el estilo pobre y telegráfico de otros columnistas. No hay en el cuento ningún nombre, pero en tan pocas líneas Halfon es capaz de lograr que el lector desee fervientemente consolar a la dama y persuadirla para que le comparta la cereza envuelta en chocolate amargo.
Salud, Eduardo.
Gloria de Tobar: (2009-03-18 14:54:31 horas)
Gracias por darnos la oportunidad de relajar nuestra vida con un poco de buena literatura en la edición diaria.
ana maria jurado: (2009-03-18 13:27:22 horas)
Felicito a El Periódico por incluir en este medio los cuentos de Halfon. Es un respiro y una gota de belleza y de salud mental para los guatemlatecos. Muchas gracias por ocuparse de lo que es realmente bueno
Silvia Pérez: (2009-03-18 09:39:44 horas)
¡Gracias por compartir estos cuentos! Un alto en el camino entre las diarias noticias tan tristes cómo no poder abrazar a ese padre.
5 comentarios: