¿Qué personas importan? ¿Quiénes son nuestros amigos? Nuestros seres queridos son nuestro principal punto de apoyo y dan sentido a nuestra existencia; nos hacen sentirnos orgullosos de quiénes somos, nos dan energía para enfrentar con ánimo cada mañana y constituyen la fuente de nuestra felicidad. En gran medida, somos quienes somos por las personas cercanas. Aun así, tenemos poco control sobre algunas de ellas, pues nacemos en una familia predeterminada, sin saberlo y sin pedirlo. Paradójicamente, son ellos, nuestros padres y hermanos, quienes primero inciden en nuestro desarrollo. Por ello, quienes hemos tenido la fortuna de pertenecer a una familia integrada y unida y de haber tenido padres excepcionales, debemos vivir agradecidos con Dios por ese regalo. En segundo término, son nuestras propias familias, las que elegimos fundar, quienes nos marcan más que nada y más que nadie. La persona con quien integramos un hogar propio, nuestra pareja, y nuestros hijos determinan en gran parte los seres humanos que llegamos a ser. Con todas nuestras imperfecciones y limitaciones, ellos constituyen nuestro principal asidero, la fuente de inspiración y nuestra principal razón de ser. Son esa fuerza que nos conmueve y nos da el empuje, que nos acompaña y nos comprende, aun en los momentos más difíciles y complicados. Son pocas las personas a quienes llega ese amor sin límites y sin condiciones, esqueleto, carne y esencia de nuestras almas y de nuestros corazones.
Sin embargo, la modernidad ha introducido cambios profundos en la naturaleza de las relaciones interpersonales. El internet se ha vuelto una especie de “dispensador”, donde todo se ofrece y presenta infinidad de opciones a un clic de distancia. Cada vez es más difícil precisar quiénes forman parte de las vidas de las personas y cómo se dan sus elecciones. Para los más imbuidos en la tecnología, particularmente los más jóvenes, el concepto de “lista de amigos” ha cambiado dramáticamente, alejándose de aquel grupo selecto de conocidos, hacia la ágil inclusión de extraños. La “red” ha permitido ensanchar la lista de “contactos” y ha provocado que las personas, voluntariamente y sin percatarse de su efecto, entreguen a desconocidos la llave para ingresar a sus vidas. Más allá de lo conveniente, se ha flexibilizado la libertad para discriminar entre amistades y se ha relajado la capacidad de escoger, bajo premisas y principios claros, a las personas que forman parte del círculo más estrecho. Por ello, se debe ser muy cuidadoso y recordar qué parte de nuestra vida importa, a quiénes deseamos tener cerca para caminar a nuestro lado por la vida. Sin duda, ellas son las personas que amamos.
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