Buena temporada para engavetar el dolor y hablar del amor. Eva y Adán, Eros, Cupido, Romeo y Julieta; no creo que haya un tema más humano y más conmovedor que aquel que despierta pasiones y amansa corazones. Dueño de arrebatos, separación y encuentro. Sus más altas manifestaciones se pintan, se esculpen, se escriben, se cantan y han quedado plasmadas en los más famosos museos y bibliotecas de la historia de la humanidad. Entre esa dialéctica de pudor y deseo, se han moldeado los más maravillosos mitos, mármoles, palabras y melodías. Seducción, locura, placer y angustia.
El amor es la cercanía llevada a sus máximas consecuencias, de la que nadie se escapa, la que todos, sin distinción alguna, debemos padecer alguna vez. Relicarios (a veces vacíos), guardapelos, amuletos, agüitas, pañuelos, siete misas, poemas sin firma, retratos borrosos de tanto ser besados y Antonio de Padua, el santo casamentero, viviendo su eternidad de cabeza en las esquinas de armarios y gaveteros. André Gide proclama: “La sabiduría no está en la razón, sino en el amor”, y San Agustín: “La medida del amor, es amar sin medida”. Amor es éxtasis, mística y un sabor dulce que se torna amargo y viceversa; es cuando la locura hace que la lógica cotidiana pierda todo sentido. Es querer la muerte y estar más vivo todavía. Amor es beso, como escribió Octavio Paz: “Cuando dos se besan el mundo cambia; le crecen alas a los esclavos”. Es encontrar en el otro el significado de la vida. ¡Dulce tiranía que nos espanta el sueño!, ¡cruel condición de sonambulismo! Justo como exclama Santa Teresa: “Vivo sin vivir el mí y tan alta vida espero que muero porque no muero”. Amor es desesperación, seguramente como la que sintió aquella que, según todos los ignorantes en esta materia, murió de frío. ¿Y qué me dice de aquella canción: porque amores que matan, nunca mueren?
Para Asturias: “Dar es amar, dar prodigiosamente, por cada gota de agua, devolver un torrente”, y Rubén Darío compara el amor con una daga clavada en el corazón, “si me la quitas me matas, si me la dejas, me muero”. El que ama necesita insensatamente: “Mi estrategia es que un día cualquiera, no sé cómo ni sé con qué pretexto, por fin me necesites”. Al amor lo pintan ciego, loco y desmesurado, pero siempre digno de permanecer en todos los corazones, porque resulta ser la propia causa de sus latidos. Jaime Sabines: “Me dueles. Mansamente, insoportablemente, me dueles”.
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3 comentarios:
Dorian Gomez: (2009-04-23 19:53:41 horas)
a la que lindO escribe!! puchis pues que pilas es!! jeje estuvO muy buena la charla que llegO a dar el día del librO!!
Hugo Beteta: (2009-04-08 15:16:11 horas)
bravo Anabella! Me encantó lo de las alas a los esclavos... y que hoy hayas escogido cantarle a la vida. y engabetar el dolor..
Te acordás del nombre del cuchitril aquel en Buenos Aires donde se baila un fantástico tango?
Siempre los leo, a vos y a Alvarito. Me conecto a mi guate con sus letras...
Manuel Aler: (2009-04-08 12:45:01 horas)
Omitió el nombre del maestro Mario Bendetti, como autor del verso que cita de su "Tactica y estrategia".
3 comentarios: