Según psicólogos, el tiempo de los recesos deben integrarse también durante los períodos de clase para mejorar el rendimiento escolar. Actividades en grupo y pausas breves son recomendables
Rosario Sandoval
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Niños recreandose en un gimnasio
Cuando a Sebastián, de 8 años, le preguntaron en clase quién era su mejor amigo, mencionó a la mayoría de sus 23 compañeros y al cuestionarlo acerca de sus actividades a la hora del recreo explicó emocionado: “Juego con mis amigos tenta, fútbol o policías y ladrones. Somos 15 y quisiera que este tiempo durara más”.
La mayoría de centros educativos privados del país ofrecen dos períodos de receso para sus estudiantes. Uno entre las 9 y 10 de la mañana y el segundo a mediodía para refaccionar o tomar el almuerzo para aquellos que ofrecen jornadas más largas. Orientadores de varios establecimientos coinciden en la importancia que tiene el recreo en la formación integral de sus estudiantes.
Alejandro González, psicólogo del Colegio La Preparatoria, comenta que el recreo es el momento ideal para conocer a los niños y jóvenes. “Es el tiempo donde todo se facilita para ellos, ya que pueden jugar, tener un tipo de relación más cercana con sus compañeros y hacer amigos”.
Un estudio publicado en la edición de febrero de la revista ‘Pediatrics’ y elaborado por el colegio de medicina de la Universidad Yeshiva, en Nueva York, concluyó que el recreo ayuda a mejorar el comportamiento y aprendizaje de los niños además de disminuir sus niveles de estrés y mejorar las relaciones interpersonales.
Según Carla de Castañeda, orientadora del Colegio Decroly Americano, además de contribuir a quemar energías, el tiempo de receso es un tiempo donde el niño explora y aprende cosas que no están en los libros.
Más allá de la recreación
“Como orientador a mí me sirve mucho para ver a los niños en su ambiente natural, en donde pueden hacer casi todo lo que quieran. Aquí puedo analizar el comportamiento que tienen fuera del aula y compararla con el que presentan en clase para detectar algún problema de conducta”, afirma González.
Los psicólogos consultados recomiendan integrar el juego dentro de las actividades de clase, fomentar el trabajo en equipo para mejorar las relaciones interpersonales y hacer pequeñas pausas para que los niños no se aburran.
“Por ejemplo, los más pequeños ven insectos y plantas durante este período y eso los ayuda a descubrir su entorno”, comenta De Castañeda. Los grandes, en cambio, tienen períodos de tiempo más cortos porque sus actividades son diferentes: conversar de las actividades del fin de semana o permanecer en la cafetería comentando historias de amor y la novela del día anterior resulta más interesante que jugar liga como años atrás.
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1 comentarios:
Héctor Roche: (2009-04-12 21:38:07 horas)
El receso es sinónimo de juego y el juego es siempre sinónimo de aprendizaje. Una investigación, hecha en Guatemala, indica que en un día de escuela se producen 800 interacciones es decir 800 oportunidades de aprendizaje. Es a través de este momento cuando se consolidan las relaciones de dignidad cuya construcción pudo haberse iniciado en un contexto estrictamente académico. Por lo tanto es importante repensar el valor pedagógico del juego.
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