Puede ser que este fin de semana, en Puerto España, la V Cumbre de Las Américas marque un hito en las relaciones interamericanas de la próxima década, como ya se anticipaba en EE.UU.-región: la nueva era (elPeriódico, 02/04/09). Ocurrió, en efecto, un diálogo franco y respetuoso entre los mandatarios del hemisferio, magnetizados por un Barack Obama que emplea un lenguaje y un estilo inusual para el establishment de Washington.
Sin un presidente como Obama en EE.UU., hubiera sido muy probable que el encuentro fuera un encontronazo, como los anteriores en Mar de Plata (2005) y Québec (2001). Por ejemplo: la Presidenta de Argentina pidió a su homólogo de EE.UU. que sus representantes diplomáticos abandonen actitudes de injerencia en los asuntos internos de los países en Latinoamérica. Y la respuesta que obtuvo fue: “Eso va a cambiar bajo mi mandato”.
La mesa está puesta para confeccionar una agenda hemisférica equilibrada, donde países chicos como Guatemala pueden tener una voz audible. Al momento de escribir esta nota aún no se había clausurado la reunión. Es probable que el presidente Chávez mantenga su negativa a firmar la Declaración, que él considera desfasada para el momento que vive Latinoamérica. Pero ese dato para nada afecta el positivo clima de las plenarias y reuniones bilaterales y en bloque de los gobernantes. Y es que se instaló la atmósfera irresistible del consenso y hasta los países del Alba, que en la víspera reunió Chávez, han tenido que enfriar su artillería.
El consenso abarcó a Cuba. Todos abogan por su reingreso al sistema interamericano. Obama desmontó las restricciones de Bush antes de la Cumbre, y Raúl Castro se mostró dispuesto a hablar con EE.UU. de todos los temas, incluyendo democracia y derechos humanos. La OEA se prepara para invitar oficialmente a Cuba. Con todos los planetas alineados, nadie sin embargo espera cambios radicales inmediatos, aunque sí el inicio de un camino de diplomacia directa que conduzca a superar el último anacronismo de la guerra fría en la región.
Lo más importante de esta Cumbre de Las Américas es la decisión de los países –por encima de sus diferencias y controversias cotidianas– de instaurar un clima de confianza entre ellos. Y eso se explica porque los líderes intuyen un proyecto futuro común en un mundo encaminado traumáticamente –en medio de la peor crisis económica en décadas– hacia “menos” globalización y más multilateralismo.
Estas cumbres son inoperantes y no sirven para nada, y si esperan que No Bama haga o cambie algo, estan bien equivocados. Por lo visto ni una declaracion conjunta fueron capaces de firmar, o sea la tal cumbre fue un fracaso mas y un costo innecesario.
K. Molina: (2009-04-20 12:47:10 horas)
Los que tienen que cambiar son los latinoamericanos. La corrupción en latinoamerica es tremenda y por eso que que se cuesta conseguir el desarrollo. Apuntar el dedo a Estados Unidos es una excusa que los mandatarios les facina hacer (especialmente los de la farsa del Alba).
rene posadas: (2009-04-20 04:32:59 horas)
El hombre tiene muy buenas intenciones para con Latino America pero tiene que ir con patas de gato pues en casa existen grupos que lo quieren ver muy mal especialmente los llamados derechistas,pues lo acusan de ser comunista ,socialista,Etc por sus buenas ideas de ayudar a la sociedad internacional en comun.
Alan Cosillo: (2009-04-20 01:35:33 horas)
Un país que en 150 años ha hecho y desecho lo que a querido con los países al sur del río Grande, no tiene por que cambiar en cuatro meses de un nuevo gobierno. Si bien la composición demográfica de Estados Unidos es diferente a la de hace cuarenta años. Aún siguen teniendo las mismas formas de ver al latinoamericano, un espalda mojada, quien ahora es más indeseable que nunca porque los ven hasta en la sopa. Con Obama solamente cambiaron de presidente, pero los que hacen las leyes, sus militares y hombres de negocio son los mismos. Es mejor se escépticos que esperar un cambio que favorezca a Latinoamérica y mucho menos a Cuba.
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