Conseguir un trabajo con “todas las de ley”, algo muy común en otros países, es para la inmensa mayoría de guatemaltecos tan sólo un sueño. Seguir insistiendo en este sueño pareciera no tener mucho sentido, las reformas necesarias para generar empleo en gran escala no se van a materializar de la noche a la mañana y tampoco darían resultados instantáneos. Situación que obliga a buscar mecanismos alternos para asegurar una fuente de ingreso a quienes no consiguen un empleo debidamente remunerado. Una de estas opciones es que cada quien, en lugar de salir a buscar empleo, se convierta en empresario. Por supuesto, dado el nivel educativo de la población, los niveles de pobreza existentes y la extensión limitada de los mercados, la gran mayoría serían micro o pequeños empresarios. Situación que dista mucho del óptimo pero que, al menos, sería una opción para quienes no consiguen empleo.
Este tipo de apuesta requiere una mejor comprensión de lo que significa ser empresario y el papel que este juega dentro del sistema económico. Es preciso reconocer que para aprobar, poner en funcionamiento y mantener reformas que promuevan la iniciativa privada y el esfuerzo empresarial, es necesario que la actividad empresarial se considere justa y moralmente aceptable. Desafortunadamente, la imagen del empresario y de la iniciativa privada tiende a asociarse con empresas grandes que limitan la competencia, empresarios que florecen al amparo de los privilegios gubernamentales o con poderosas asociaciones empresariales que favorecen a los “poderosos”. Aunque mucho de esto pueda haber en la práctica, también hay que reconocer que una inmensa mayoría son micro y pequeños empresarios que luchan día a día por salir adelante. En la medida que se tenga una imagen errónea del empresario será muy difícil promover la iniciativa empresarial como un mecanismo alterno para generar ingresos y empleo.
De esa cuenta, en lugar de seguir luchando contra la informalidad y haciendo la vida difícil a micro y pequeños empresarios, la política pública podría reconocer la importancia de esta “válvula de escape” y adoptar medidas para promover la iniciativa empresarial como mecanismo alterno a la generación de empleo. Sin embargo, para dar ese paso es necesario construir confianza, valores, actitudes, acciones y nuevos discursos acerca de la iniciativa empresarial, reconociendo en ella un potencial y la legitimidad que hasta el día de hoy se le ha negado.
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