La economía estadounidense se contrajo un 6.1 por ciento interanual durante el primer trimestre de 2009, según las estimaciones iniciales del Departamento de Comercio.
El desplome fue mayor a lo esperado por los analistas que estimaban entre 4 y 5 por ciento, y se suma a la contracción del 6.3 por ciento registrada en el último trimestre de 2008, acumulando su peor semestre desde 1958.
Las cifras son las peores en décadas y ponen en evidencia los temores de que la crisis aún no ha tocado fondo. El sector inmobiliario se hundió un 37 por ciento, en tanto que las exportaciones cayeron un 30 por ciento, su nivel más bajo en 40 años. El gasto público, que en otros trimestres impulsó la economía, bajó un 4 por ciento, ya que muchos Estados realizaron recortes presupuestarios.
Las inversiones de las empresas se paralizaron y sufrieron su mayor caída desde 1947, mientras estas incrementaban los despidos de trabajadores y rematan inventarios para reducir sus costos. La única buena noticia fue que los estadounidenses volvieron a abrir tímidamente sus billeteras; el gasto de los consumidores, que aporta dos tercios del Producto Interno Bruto (PIB), creció 2.2 por ciento, despertando esperanzas de una recuperación.
Si la economía estadounidense acumula un cuarto trimestre consecutivo de caída, será la recesión más larga desde la Gran Depresión de los años treinta.
Impacto en Guatemala
El declive de la economía estadounidense se percibe con mayor fuerza en Guatemala, en indicadores clave como las remesas, las exportaciones y el turismo.
Las exportaciones a EE.UU. registran una caída del 28 por ciento durante los 2 primeros meses de 2009. El Banco de Guatemala estima que las ventas al exterior se reducirán un 7.5 por ciento, lo que significará dejar de percibir unos US$582 millones.
Las remesas que envían los migrantes que trabajan en EE.UU. registran una caída del 8.7 por ciento y el ingreso de divisas por turismo se ha reducido 3.6 por ciento en lo que va del año.
Antonieta de Bonilla, presidenta del Banguat, señaló ayer durante un foro con empresarios que el Gobierno y sector privado deben trabajar en la agenda de competitividad, el cambio de la matriz energética, el desarrollo de proyectos público-privadas para estar mejor preparados para cuando inicie la fase de recuperación de la economía mundial.
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