Cada año salen nuevas promociones recién graduadas de varias universidades. Jóvenes ávidos por conquistar el mundo que en muchas ocasiones creen que sus recién adquiridos conocimientos universitarios los llevarán a la gloria en el mundo laboral.
Desafortunadamente, nada está más lejos de la realidad.
Conforme el tiempo va pasando, estas personas van encontrando más y más obstáculos que les van haciendo perder el ánimo y terminan como Pinky y Cerebro, los ratoncitos de las caricaturas, buscando un plan diferente para conquistar el mundo cada noche.
Me atrevería a decir que un buen porcentaje de personas que estudiaron alguna carrera que tenga que ver con comunicaciones, jamás llegan a ejercer.
Esto sucede porque aparte del título universitario, una persona tiene que tener otras cualidades que generalmente no se enseñan en la universidad.
De hecho, en la publicidad por lo menos, el título realmente no sirve de mucho si no viene acompañado de talento. Mucho talento.
En una agencia de publicidad es común encontrar mucha gente que jamás estudió una carrera relacionada con el tema, pero que sí tienen las cualidades para sobresalir en este oficio.
Obviamente con esto no quiero demeritar el trabajo de las universidades. Mi opinión es que los pensum han ido mejorando y cada vez la gente sale mejor preparada. Sin embargo creo que nosotros los publicistas y la gente que trabaja en mercadeo, tenemos responsabilidad sobre este tema.
Es común que quienes enseñan en las universidades sean personas que ni siquiera trabajan en el oficio. ¿Por qué? Simplemente porque quienes sí lo hacemos, no tenemos tiempo para dedicarle a las futuras generaciones.
Yo personalmente di clases en la universidad en mi país durante siete años, hasta que desafortunadamente, mis responsabilidades laborales me lo impidieron. Fue una experiencia única y muy gratificante.
Creo que mucha gente debería considerarlo y que las empresas deberían permitirlo. De lo contrario, no deberíamos tener autoridad moral para criticar el nivel de un recién graduado cuando lo entrevistamos para trabajar en nuestra empresa.
Pensémoslo de esta manera: esos jóvenes van a terminar el día de mañana sentados en nuestra silla. ¿No sería mejor que estén bien preparados?
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4 comentarios:
Carlos Enrique: (2009-05-18 14:43:43 horas)
Las únicas facultades en las que sus estudiantes se enfrentan a la realidad del dia a dia desde muy temprano son las de Medicina, Odontología y Farmacia. En Medicina los estudiantes son puestos en contacto con la realidad desde tercer año de carrera, esto es igual en todas las Universidades; cuando terminan sus estudios ya han acumulado mucha experiencia y pueden optar por el ejercicio de la profesión general o pasar a una especialidad. A otras carreras les falta ese contacto con la realidad, se pierden en la teoría y por eso cuando terminan saben mucho pero no pueden hacer nada.
David Quiroa: (2009-05-18 11:36:53 horas)
Hace muchos años, las universidades eran escuelas de experiencia, donde los jóvenes aprendían al lado de los "maestros", los que sabían ejercer el oficio. Hoy y desde hace unos 200 años, las universidades son fábricas de birretes donde lo único que importa es la nota y la asistencia y el aprendizaje queda completamente olvidado. Lo curioso es que a nadie le importa. Mientras "mijo el doctor" tenga su "cartón" en la pared, papi y mami están contentos y no importa cuántos pacientes se eche al plato en lo que aprende.
Hasta el Thanksgiving del año pasado, los publicistas decíamos "nadie se ha muerto de un anunciazo". Bueno, eso ya no es cierto. http://gawker.com/5101840/wal+marts-advertising-charged-with-murder
¿Llegaremos a tener "responsabilidad" de nuestros actos? No lo creo, pero es bonito soñar...
Otto R. Menéndez: (2009-05-18 11:02:50 horas)
Creo que las universidades se olvidan que todo asunto esta relacionado con variables sociales y culturales. De allí que el “publicista que solo sabe de publicidad, ni de publicidad sabe” (estoy parafraseando algo que encontré en una publicación). Cuando leí la columna me recordé que un joven profesor médico hacia una autopsia en un hospital ante unos 20 estudiantes, cuando fue llamado por teléfono. Pidió permiso, se ausento y detrás de él los estudiantes. Entro el “técnico” a seguirla y mientras tomaba unas fotos en microscopio noté la pericia y rapidez con que elimaba el cuero cabelludo. Luego percibí que varias veces tocaba una parte del cráneo y después otra. Hasta que el director del servicio, quien me ayudaba, le pidió al “técnico” que fuera a traer el expediente del cadáver. Al entregárselo, encontró que el tipo había sido sometido a una craneostomía (operación craneal) y el pedazo que le faltaba se lo hicieron con acrílico que endurece en el momento y sin temperatura alta (autopolimerizado). Este deja poros por donde entran y salen venas y otras. Desde luego aquello sonaba diferente al hacer la autopsia pero parecido a lo de todos, lo que dudo que hubiera detectado el joven profesor que difícilmente podría superar la experiencia del “técnico” (la experiencia que se gana en el trabajo, con el tiempo, que difícilmente se discute en clases).
JOSUE AUGUSTO PEREZ FIGUEROA: (2009-05-18 05:41:54 horas)
La experiencia es la madre de la ciencia.
La ciencia es la experiencia sistematizada para saber que cosas funcionan y que cosas no funcionan y que otras cosas no se sabe nada sobre ellas.
El que estudia, estudia experiencias y cuando no las aprende, entonces se dice que no aprendio nada.
Lo expuesto es una realidad latente. Y hay que corregir el rumbo
NUEVA GUATEMALA DE LA ASUNCION
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