Da en qué pensar la respuesta defensiva del Gobierno “social-demócrata”. Mal indicador repetir la consigna panfletera “somos el gobierno de los pobres”, abrazando el método de “divide y vencerás”.
La perversidad de esta máquina infame llamada Guatemala alcanzó la semana pasada su máxima expresión. Nunca la manipulación de la sensiblería había sido tan descarada como ahora. ¿Qué nos hace a nosotros alcanzar estos niveles colectivos crecientes de histeria y demencia?
Mimetizadas en el maniqueo discurso de representaciones de “buenos y malos” y “ricos y pobres” la frustración y el descontento camina por las calles con lo que nos queda: confusión y manipulación.
Rasgándonos las vestiduras seguimos buscamos pedacitos de esperanza en un escenario que no es otra cosa que el de una política de espectáculo.
Aquí la política ha dejado de tener una base real y se ha quedado en simulacro, una puesta en escena, puro espectáculo ¿quién gana y quién pierde con todo este espectáculo político en el que sale a relucir la desigualdad y la irresponsabilidad de los medios de comunicación? Yo creo que perdemos “casi todos”.
Ese “casi todos”, debe actuar con cordura y madurez. Exigir responsabilidad a los medios de comunicación, a todos los sectores y esto también nos interpela a la sociedad civil. No nos dejemos llevar por la histeria colectiva, la demencia y la sensiblería. No hay nada aún jurídicamente sostenible que pueda esclarecer el caso del asesinato del abogado Rosenberg. El video apela a la sensiblería, no a la inteligencia.
¿Es posible aprovechar este espectáculo político y la indignación colectiva para impulsar una sociedad civil más consciente?
Creo que sí. Exijamos justicia para Rosenberg, pero también para los pilotos y para Gerardi, para los miles de masacrados. Todos tenemos alguna responsabilidad en que esas muertes no formen parte de nuestras vidas, en el mantenimiento de esta máquina perversa que las ignora e invisibiliza.
No podemos permanecer indiferentes ante el caso de Rosenberg, pero tampoco podemos permanecer indiferentes a las muertes de los otros, ni ante el hambre, la pobreza y la desigualdad, que se manifiesta en las calles estos días.
Exijámonos sobre todo, lograr invertir las tácticas utilizadas por los poderes paralelos desde donde se nos manipula a través de la distracción. Todo un montaje que no nos permite ver que hay detrás del telón.
Nos hace falta pensar en frío, no actuar a partir del chantaje emocional de este lamentable asesinato, ni en respuesta a la política del espectáculo, sino en respuesta a la necesidad de rehacer el país no para unos cuantos, sino para todos; no unos cuantos, sino entre todos.
¿Cómo intentar ver más allá de la manipulación de los sectores populares impulsados a agradecer al “gobierno de los pobres” y también de las reacciones de histeria colectiva gritándole a Colom: “asesino”? ¿Cómo construir un discurso que desborde la manipulación de la señora vociferando como títere: “Colom es el único presidente que nos ha regalado dinero y ahora los ricos nos los quieren quitar” o del grito desesperado para Sandra Torres “saquen a esa bruja, saquen a esa bruja”. ¿Cómo superar esas representaciones de “ricos y pobres”. Quizá a algunos haya que recordarles que no es lo mismo acusar a un mandatario de corrupto que la acusación de asesino sin pruebas.
Debe haber caminos que no excluyan a unos ni a los otros. Si no existen, debemos entre todos construirlos.
En conversaciones percibo una inmensa fe en la CICIG. ¿Qué tal si en vez de esperarlo todo del exterior, de la CICIG, pudiéramos esperar algo de nosotros mismos?, ¿qué tal si la fe que nos queda la volvemos hacia un Nosotros ancho e incluyente que vaya más allá de las dicotomías de “ricos” contra “pobres”? percibo que hay entre la juventud indignación e inmensos deseos de cambio, observo que una nueva generación está dispuesta a ya no quedarse callada ante la inconformidad, ahora hace falta generar entre nosotros mayores niveles de conciencia crítica y reflexiva ¿qué vamos a hacer entre todos para forjar ese cambio? A lo mejor un buen punto de partida sería no volver a ser apáticos a la violencia.
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