Ese crimen abandonó la estadística de los 16-18 asesinatos diarios que ocurren en Guatemala.
Cifras de país en guerra. Un video grabado quizá 72 horas antes de encontrar la muerte violenta y una acusación vehemente contra la cúpula de Gobierno dieron al caso Rosenberg un impacto inusitado. Golpeó conciencias y movió la indignación a las calles.
Algunos creen ver en estas movilizaciones el signo prometedor de un relevo generacional; otros, el germen de un movimiento político. Cámaras empresariales y ciertos partidos quisieran sostenerse sobre esa joven energía humana. Al margen del devenir de las protestas (que si disminuye y se apaciguan, que si se radicaliza etcétera) el hecho cierto de que las clases media-alta y alta irrumpan las calles ejerciendo un derecho ciudadano, marca una inflexión.
Hasta ahora las calles habían sido tomadas de manera recurrente por campesinos, maestros, víctimas del conflicto armado, sindicalistas, feligreses y grupos sectoriales, mientras eran vistos con desdén e impaciencia por los habitantes de los barrios residenciales.
Hace siete meses elPeriódico publicó un reportaje preguntando: ¿por qué la gente aguanta tanta impunidad sin protestar? Los analistas hablaron de la marca histórica de la represión, la atención concentrada en la supervivencia familiar del día a día y de la ausencia de convocantes creíbles. Y un puñado de jóvenes, de diversos estratos sociales, fueron sometidos a un breve cuestionario: todos decían estar dispuestos a salir a las calles a protestar. Una chispa que encendió esa voluntad ocurrió el 11 de mayo.
Otro reportaje, del Diario de Centroamérica (27/05/09) muestra un ángulo distinto. Jóvenes de clase media baja no se sienten representados en las marchas de distinto signo que, de alguna manera, han competido en estas semanas. Reclaman el sesgo de los medios: nuestra vida no está reflejada ni nuestras historias han sido contadas, aparecemos tras una cámara cuando levantan cadáveres y nuestros barrios son mostrados como criaderos de maras, unos seres diabólicos, violentos y sin entrañas.
Aquí coexisten varias juventudes que quizá lo único que tienen en común es estar atravesando esa etapa tan preciada como incomprendida de la vida. Quizá mañana otros jóvenes se movilicen con justa indignación y esta vez, al menos, atrás de la ventana de los cómodos autos ya no salgan vituperios. Al cabo, la educación de nuestras élites jóvenes está tan cerca de Miami y tan lejos de El Mezquital. ¿Cómo se entenderán esos mundos?
Agregar comentario:
12 comentarios: