Se entiende por imaginario al conjunto de imágenes que guían la forma de percibir o entender el mundo (fotografías, cuadros, iconos). Al encuadramiento de figuras visuales que el ciudadano interioriza como referente. Las imágenes nos cuentan quiénes somos y también nos dan un sentido de pertenencia. Por ello es cada vez más importante estudiarlas y escuchar lo que nos dicen. ¿Qué miran y perciben constantemente los menores que, sin duda, hoy aprenden cada vez más por la vía visual?
El imaginario nacional debe rebasar la idea de la Bandera, el Quetzal, la Ceiba, la Monja Blanca y Tecún Umán. Debe generar sentido y recibir sentido ya que nos sitúa en el medio social, orienta nuestras motivaciones y es expresión colectiva. Acá, las imágenes nos dan constantemente un clima social infeliz y amenazante.
Por ejemplo, vale la pena preguntarse qué tipo de imaginario construye ese arrasador bombardeo de vallas publicitarias que han cooptado nuestra cotidianeidad. Me parece que la respuesta es obvia, pues se percibe, en la mayoría, una imagen alienante, extranjera y ajena a lo que somos: un país felizmente diverso.
La fotografía en primera plana del entierro de las tres niñas asesinadas es una muestra recurrente que representa el clima de una dictadura cultural de la violencia. La constante imagen ante nosotros nos representa como sobrevivientes, y dibuja un ambiente que dice continuamente que estamos ante una inminente pérdida de libertad. Una imagen de justicia vulnerada por el poder político.
El imaginario manipula las conciencias (ejemplo claro es el consumismo). La ideología también opera a través de lo que vemos, nos induce a la razón perezosa, al argumento que se sigue por inercia sin hacer crítica. Urge, entonces, la voz crítica del imaginario que hoy “nos representa”.
Guatemala debe construir imágenes propias, que permitan responder a importantes desafíos como país; imágenes que representen la interculturalidad, la auténtica unidad nacional, la posibilidad de diálogo y resolución de conflictos. Que hablen de la paz. ¿Lo hace nuestro sistema educativo? ¿Lo hacen los medios? ¿Lo hace la publicidad? Una nación no existe si no se cuenta, y que tenemos que volvernos a contar, a dibujarnos de nuevo en un paisaje de ciudadanía y libertad.
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2 comentarios:
Guido Echeverría: (2009-06-10 17:49:33 horas)
Muy interesante la perspectiva desde la cual tratas esta temática. Pienso que tu estilo de escribir cedió un tanto delo pintoresco y musical que te ha caracterizado, a causa de lo que bien denominas "dictadura cultural de la violencia..." A todos no afecta, a todos nos enfrenta a expresarlo de una u otra manera. Ciertamente es necesario que nuestras imágenes mentales e ideológicas sean diferentes, que se transformen en acciones de cambio. Continúa esta línea de pensamiento Anabella.
luis eduardo laparra: (2009-06-10 11:35:33 horas)
Su artículo me mueve a pensar en lo progresivo y lento que sería llevar a remover ese imaginario. La interiorización de la que usted habla no es, lamentablemente, cuestión de dias. Son años de imagenes que inundan desde la edad más tierna. La reversión entonces se hace aún más difícil.
La pregunta es: ¿Dejaran los poderes facticos - nótese que no digo "el poder" - que las imágenes actuales sean sustituidas por otras relacionadas con interculturalidad, la auténtica unidad nacional, la posibilidad de diálogo y resolución de conflictos y la paz?
Dadas las ciucunstancias la familia nos va quedando como reducto y cómo escuela.
Mi admiración y respetos.
2 comentarios: