Parece indispensable que en el Día del Padre se hable del padre. Vale reivindicar tal figura como una de las más trascendentales en la vida de todo ser humano. Buen día para repensar esa presencia que todos llevamos como doblez zurcido al corazón. De ninguna manera caeré en la tentación de escribir sobre el mío, aunque ganas no me faltan.
Poemas, boleros y anécdotas invaden por estos días medios y publicidad. Pero historias desgarradoras también las hay, como la del niño en una comunidad huehueteca: cuando le preguntan por su padre, señala el teléfono. Sabemos cómo el flagelo de la migración, entre muchos otros terribles, ha afectado en la desintegración de tantas familias, ahí en donde el papá representa una remesa y una llamada telefónica mensual. Pareciera que en nuestro imaginario social, concebimos más fácil el abandono paterno, ¿por qué? ¿Valora suficientemente nuestra sociedad esa extraordinaria figura que marca nuestras vidas?
Debemos contrarrestar la idea generalizada del padre únicamente como proveedor. Curiosamente, a pesar de que nuestra sociedad es machista, no se valora suficientemente al hombre como padre. La figura de la madre ha sido protagónica en la educación de los hijos.
Generalmente, son ellas quienes reciben notas, supervisan deberes o integran los comités de “padres de familia”. Tenemos como amarrada la idea de que el padre vale por lo que aporta, cuando en realidad es educador por excelencia. Los papás son importantes para sus hijos como personas. Todos necesitan de un abrazo de papá, de un apapacho de papá, de una enseñanza de papá.
Según expertos, en la medida que van creciendo, niñas y niños requieren más de la imagen paterna. La relación con el padre se hace muy importante, sobre todo llegando a la adolescencia. Es él quien los estabiliza, les da fuerza, seguridad y muchas veces pone los límites necesarios. El padre tranquiliza.
Probablemente, parte del caos que experimenta nuestra sociedad se deba a la ausencia de tantos padres que se separan de la posibilidad de fungir más allá del rol de proveedores, el rol de educadores. ¡Cuánto nos ahorraríamos si todo padre cumpliera con los designios de dejar rastros buenos en cada niña, en cada niño que procrea!
Reconocimiento a quienes lo hacen, como lo hizo el mío.
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2 comentarios:
Guillermo Morales: (2009-06-17 11:06:34 horas)
Bendiciones para todos los padres responsables. Hoy dejo de existir un padre MANUEL GUERRA ARGUETA, aunque no era mi padre solamente un amigo, siempre lo veía como un Padre y aunque el decia que yo le habia brindado mi amistas asi por asi, decia sentirse protejido como si yo fuera su padre, el tenia 77 años yo solo 51 pero siempre convivimos buenos momentos y compartiamos nuestros mismos gustos. No podré estar en su entierro, pues el sera sepultado en la Ciudad Capital y yo vivo en Petén y mi trabajo no me permite hacer el viaje; pero el siempre estará en mi corazon como el primer dia caundo le conoci con el sobrenombre de Manuel Bulla. Si alguno de sus hijos lee este comentario quiero que sepan que me solidarizo con el dolor que ellos sienten en este momento.
Magaly Rash: (2009-06-17 08:08:36 horas)
Tiene razón, pero en la mayoría de hogares no hay padres. Y algunos, aunque usted no lo crea, solo cumplen la función de medio proveedores y, una vez los hijos cumplen la mayoría de edad, aunque estén estudiando, suprimen su aporte, so pretexto del nuevo estatus de la persona. Sin embargo, también quiero referirme a un agasajo en honor a los padres. Ayer en la Facultad de Humanidades, el decano celebraba con las señoras de su grupo de rosca politiquera y si había 3 padres con él era mucho. Supervisen, señores auditores, por favor.
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