La prisión no sirve en Guatemala para proteger a la sociedad del delincuente. No es su propósito separarle de todos los demás, y así protegerles, sino simplemente, la rehabilitación de aquel. En otras palabras, ¡y en dos platos!, ¡la víctima carece de importancia!
La soberbia del ser humano no tiene límites. Los que objetan la pena de muerte –“por ser esta propia de sociedades primitivas”– propugnan por la pena de prisión, pero no se percatan de que también esta pena se verá en el futuro como un signo de barbarie. ¡Se habrá dado, para entonces, la soberbia de otros tiempos!
Con una simple inyección, tal vez, se podrá cambiar al ser humano y hacer de cada delincuente un angelito pero, mientras tanto, bueno es que asumamos la realidad y que no tergiversemos el fin de las cosas.
Tenemos una auténtica diarrea mental como producto de imitar, así, sin más, lo que se hace en otras partes, sin entender que las instituciones de otros países pueden corresponder –como de hecho corresponden– a realidades muy distintas y que lo hecho en otras partes resulta, muchas veces, de difícil e incluso de contraproducente aplicación entre nosotros.
Quienes objetan la pena de muerte por tratarse el ser humano de una obra de Dios, irrepetible, así como aquellos que la objetan porque creen que no existe justicia sin perdón –es decir– aquellos que la objetan por razones espirituales merecen nuestro más absoluto respeto y resulta imposible refutarles en semejante dimensión, así como también les sobra razón a aquellos que la objetan por el posible error judicial que pueda producirse y, con él, la condena de un inocente, error posible en el mejor de los sistemas, pero aquellos que la objetan tan sólo por considerarla ineficaz o innecesaria, deben atender las razones de aquellos que la invocan.
Es esta, la pena de muerte, la única que asegura que el delincuente no vuelva a delinquir, afirmación que resulta irrefutable.
La pena de prisión, por su parte, debe asegurar, como función primera, que el delincuente no constituya un peligro para todos los demás, peligro que se elimina, al menos, en tanto permanezca separado de los otros.
El sentido práctico debe llevar también –lo que constituye una muy loable aspiración– a que el reo se reeduque y no vuelva a delinquir, ya sea por su propia convicción o por simple escarmiento.
Lo primero, sin embargo, es lo primero, y el fin primero de la pena de prisión no debería ser otro que impedir que el delincuente vuelva a delinquir, lo que implica evitar, además, que delinca desde adentro.
Concluyo: los grandes protagonistas del sistema penitenciario deberían de ser la sociedad y las víctimas. A través de este debería de colmarse su sed de justicia y de reponerse también, en lo posible, todo el mal que se ha causado. Jamás, en lo que respecta al delincuente, debe de olvidar la pena, su función de castigo y prevención.
Lo demás, ¡claro que es deseable e importante!, pero no lo primero. El castigo puede ser ejemplar pero no si de la prisión se hace una jauja. Si es así, por el contario, se convierte en mal ejemplo.
El trabajo de los reclusos debería de servir para sostener su propia reclusión y para indemnizar a las víctimas.
Dice AcisVa: "El fin primero de la pena de prisión es impedir que el delincuente vuelva a delinquir". ¿Le pregunto a don AcisVa? si enmarca en este concepto también a delincuentes de cuello blanco como los que nos gobiernan, y a los cuales cíclicamente defiende usted en sus pobre columnas de opinión?
Carlos Nicolás López: (2009-06-30 09:47:15 horas)
¡Felicitaciones por tan acertado artículo! La mayoría de los guatemaltecos pensamos así, pero no lo decimos. La delicuencia común y la organizada nos tiene de rodillas debido a que, privar de la libertad a esta gente no constituye realmente un castigo verdadero y los guatemaltecos estamos manteniendo a un sinumero de delicuentes en las carceles en donde no se corrigen.
Marien de Penedo: (2009-06-30 02:21:43 horas)
Me parece muy bueno el análisis que hace el liecenciado Valladares y como siempre repleto de propuestas.
Es el coilmo que la prisión se convierta en otro reino de los delincuentes.
3 comentarios: