Las profanas es el nombre de una breve acción teatral que se está presentando actualmente en distintos espacios de la ciudad. Es un aporte al árido panorama del teatro realizado por el colectivo de la Asociación de Artistas Tras Bastidores apoyado por el Centro Cultural de España, con dirección de Luis Carlos Pineda, dramaturgia de Jany Campos y Marco Canale, y colaboraciones de Silvia Trujillo, Isabel Ruiz y Renato Maselli.
En el teatro de Bellas Artes, con su fachada recién maquillada, el público accede directamente hacia una escena tan oscura como el actual estado del teatro. Un grupo de mujeres y un hombre se enfrentan a una fila de zapatos dispuestos para el público y para sí mismas en el caso de que se quiera opinar al finalizar el extraño y delirante diálogo, en el cual el resultado es tan importante como su proceso. Pues, Las profanas, es producto de un laboratorio de creación escénica e investigación interdisciplinar como pocos. El primer resultado es una aguda crítica sobre uno de los bienes más preciados y, a la vez, con efectos más cuestionables sobre la creación artística independiente desde el período de posguerra en Guatemala: el síndrome “oenegero” que, en la perspectiva de las preocupaciones sociales, ha tendido a condicionar discursos y espacios de creación artística. El proyecto, irónicamente apoyado por la cooperación internacional, resulta como catarsis de observaciones a veces estereotipadas y con intenciones demasiado optimistas para ser realidad, pero dichas como urgencias para descifrar –en primera instancia– las diferentes caras de esa cooperación y cómo se negocia con ellas... o sin ellas.
Además, a pesar de su literalidad y guiños hacia el panfleto, este primer segmento de la pieza convoca a un necesario ritual de autocrítica donde muchos hemos sido jueces, partes y cómplices.
La neurosis desemboca en un gran finalle que, a mi modo de ver, es el mayor aporte hacia el lenguaje teatral, resuelto en un espacio mínimo, con recursos dignamente precarios y no sujetos a la excesiva utilería del teatro convencional. Las profanas, como producto y respuesta de la actualidad, escarba en las vivencias personales o generacionales para desarrollar una acción donde el secuestro de un personaje, central en la vida de los guatemaltecos, es el pivote donde oscilan la realidad y la ficción. Dada la complejidad de los medios de comunicación y la forma en que los espectadores perciben las noticias, la pieza merodea entre la conflictividad que produce ese territorio y sus fronteras tan débiles, donde es tan fácil caer en la evasión como imposible sustraerse de sus capítulos repletos de hostilidad y surrealismos.
Con todo y sus obviedades, Las Profanas apunta sus mayores logros en la experimentación, profundizando en los espacios de lo simbólico, de la abstracción y el inconsciente. Con una energía implacable, abren muchos espejos de Alicia, hacia esos laberintos donde habitan los imaginarios que mejor nos retratan.
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