El rock no quiere morir. No en Guatemala. Las actividades en torno al mismo son numerosos. Menos mal no está pidiendo limosna y no depende de conglomerados mediáticos para mantenerse. Detrás del movimiento hay una lista de grupos en condiciones precarias pero confiados en el apoyo de sólidos seguidores y en la difusión que puedan brindarles radios, internet y medios escritos alternativos. Así que los detractores del género pueden quedarse en casa esperando su deceso.
Sirva toda esta cháchara para anunciar que el cuarteto guatemalteco de power metal, Andrómeda, es de los que comparece con un nuevo disco: Melodías del ocaso perdido. El mismo se conforma de ocho temas escritos por el cantante, corista y tecladista (además graba, mezcla, masteriza y diseña), Adrián Méndez. Cómo descubrirá, Méndez mama de lo más granado del género (Stratovarius, Judas priest, Dream Theater), por tanto, articular el material no le fue difícil. En todo caso lo peliagudo fue encontrar a los músicos que se embarcaran en su proyecto y estuvieran a la altura. Aquí son: el guitarrista líder sensación Andres Vickers (19 años), Sergio Zepeda, en la guitarra rítmica, y Alex Chur al bajo. ¿La batería? En esta grabación hay drum machine. En vivo suele tocar Fernando Martín.
Pues bien, en esta cuarta placa destacan, Más allá del universo, que desde el inicio acciona una banda que no es contundente, pero conserva una línea de solidez estilística. Así, continúa Alma en pena, Hasta el juicio final, y Hacia el mar, esta última una de las más atractivas coescrita por Vickers. De la canción emana una atmósfera oscura y feroz gracias a la intervención de Vickers a quien en esos riffs le vuelan los dedos, pero sin mucho recurso armónico.
En fin, después de escuchar Nunca creeré, adrenalínica por cierto o su himno Andrómeda, con una melodía abrasiva, y el trabajo también de un bajista obediente (Alex Chur) y un cantante (Méndez) que, como pocos en el país, interpreta al español con un falsetto desarrollado y resonante, uno cae en cuenta que en lo suyo hay cierto inmovilismo, algo generalizado ya en el power metal. Es decir, responde a cánones y a tópicos del género que se repiten una y otra vez.
Pese a ello, se espera que Méndez logre llevar lejos esta aventura que comenzó hace 11 años, y oxigene así al rock para no levantarle nunca el acta de defunción. Los interesados en el disco escriban a: androguate@gmail.com
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