A veces uno se aburre de las reuniones que no van a nada. Del cooperante “izquierdista” que no sale del discurso maniqueo. Del oenegero burócrata. Del “académico” desbordado de su ego.
Llega uno hasta a perder la credibilidad en las “mesas de diálogo”. Sin embargo hay encuentros y desencuentros. Y cuando hay encuentros de luchas, búsquedas y esperanza común que hablan y se expresan desde la autenticidad, horizontalidad y la diversidad algo diferente sucede en el terreno: como una especie de simbiosis se ingresa en un mismo lenguaje. Estoy aquí hablando de la reunión a la que tuve oportunidad de asistir en Avancso, en la que convocó el movimiento social y campesino Plataforma Agraria quien lucha por cambios estructurales agrarios y por el desarrollo rural.
Varios de los participantes que por supuesto aparecen ausentes en la mayoría de las reuniones que se dicen “de interés y representación nacional” expresaron que para el poder el campesino no existe, es invisible. A pesar de que la población rural es mayoría no se le ha atendido ni visto, aparece como parte de un paisaje finquero. Un poco como dice Galeano:
“Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies. Que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no profesan religiones, sino supersticiones. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folclore. Que no son seres humanos, sino recursos humanos. Que no tienen cara, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número”.
Históricamente la ciudad ha negado e ignorado al campo. Hemos construido una hegemonía con un campesinado oculto. El mundo rural aparece entre nosotros como parte de un paisaje lejano.
Desconocido y peligroso. Tan es así que el poder ha construido a los campesinos como esos Otros criminales y peligrosos. De ahí que una de las consignas de Plataforma Agraria sea la de: “No somos criminales, somos campesinos”. Los campesinos no son peligrosos, están en peligro.
Entre otras cosas y teniendo entre el círculo como marco de constante referencia que en Guatemala los principales obstáculos para conservar la paz y alcanzar el desarrollo humano sostenible son la exclusión social y la falta de equidad, entramos en un rico y horizontal intercambio sobre la urgente necesidad de colocar la soberanía alimentaria en la agenda nacional. Debería darnos en qué pensar cómo las temáticas de la agenda nacional las impone siempre el poder y no la necesidad de darle continuidad a la vida humana. ¿Por qué no atender las demandas que hace Plataforma Agraria a través de su Ley de Desarrollo Integral?
Se habló también de cómo las familias campesinas que reclaman su derecho a alimentarse y otros derechos sociales y económicos se enfrentan a una fuerte represión por parte del Estado y por parte de grupos parapoliciales.
¿Cómo es posible que se haga la represión a partir de exigir un derecho básico como lo es la alimentación?, ¿cómo puede ser que en un país tan rico en recursos naturales los niños sigan muriendo de desnutrición? ¿por qué 73 mil firmas avalan un cambio constitucional y no apoyan y reclaman un programa de seguridad alimentaria nacional?
Pareciera que al Gobierno fuera de sus lógicas asistencialistas se le olvidó que la economía y una parte importante de la población dependen de la agricultura.
“El campo no aguanta más”, nos recuerda Plataforma Agraria. El campo tiene hambre. Pero nosotros, la ciudad no lo queremos ver. Estamos incompletos sin ellos. Un cuerpo hecho a pedazos. Es hora que Gobierno, Academia, Cooperación Internacional y sociedad civil en vez de tanto bla bla nos comprometamos con quienes nos hemos desentendido por años: los campesinos. Es ahí donde también reside la esperanza de un mundo mejor. Propongo la urgente aprobación de la Ley de desarrollo rural integral que tiene por objeto la regulación y establecimiento de la institucionalidad pública adecuada, los principios y disposiciones rectores y promotores del desarrollo rural integral como obligación del Estado y los instrumentos que permitan la actuación estatal y privada en el desarrollo rural integral. ¿O es que acaso seguiremos haciendo a los campesinos seres invisibles?
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