La modernidad política que se construyó lentamente durante varios siglos alrededor del mundo se encuentra en una encrucijada. Los estados nacionales crean las condiciones para fundarse sobre la base del reconocimiento del invento más relevante conocido hasta hoy: el sujeto autónomo que como individuo es igual frente a los demás y que con su consentimiento libre crea un Ethos político que da legitimidad al Estado. Pareciera ser que la formalidad que crea ese sujeto político ha llegado a sus límites por la multiplicidad de perspectivas que antes se resolvían mediante procesos democráticos nacionales y que recientemente se ven superados por ciudadanos que han vivido el ciclo completo de la fe y la desilusión.
Las derivaciones de los modelos de estado, sean marxistas o de libre mercado han resultado aplastantes a las formas tradicionales de construcción ciudadana dando como resultado la sepultura de las aspiraciones individuales y sociales. Mientras que el Estado socialista limitó las libertades individuales y pretendió eliminar la participación de la sociedad civil; el estado liberal en sus distintas manifestaciones ha hecho crecer las desigualdades a tal punto que ha puesto en riesgo la misma libertad de los individuos que ven en su participación la limitación para cambiar las cosas. La participación de los actores políticos no hace cambio alguno.
Las tensiones de la construcción de ciudadanía tienen diferentes aristas que superan las visiones tradicionales de los liberales y conservadores o izquierdistas y derechistas quienes reclaman para sí la representación universal de emancipación, sean estos individuos o sindicatos. Las discusiones sobre las políticas reivindicativas para resguardar la seguridad social o la desregulación y disminución del estado para darle mayor oportunidad al individuo, han sido puestas en entredicho por las crisis que concluyeron con la caída del muro de Berlín y la crisis financiera actual. Otras dos tensiones que deben resolverse de una manera más contundente para recuperar el malogrado espacio público del estado: por un lado, el clamor por el reconocimiento de las diferencias étnicas (el “nosotros” versus el “yo” o el “pueblo” versus el “individuo”) que claman los pueblos indígenas y por otro el de los marginados a quienes hasta la fecha se les ha negado una participación que haga posibles los cambios. En todo caso, lo que vemos es una reconstrucción de la ciudadanía.
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2 comentarios:
JOSUE AUGUSTO PEREZ FIGUEROA: (2009-07-15 12:20:08 horas)
!Pienso, luego existo!
Persona que no piensa no existe, es decir que no existe como persona, pues victima de las circunstancias es como pluma al viento, como hojarasca que lo arrastra lo que no comprende, ni le interesa comprender.
Decir que tal o cual sistema es ideal para solucionar los problemas cae en un vacio existencial, pues si no hay personas pensantes, ningun sistema puede tener exito.
No en balde se dice que el desarrollo de los pueblos esta en el DESARROLLO DE SU CEREBRO y hasta hoy ni las derechas ni las izquierdas quieren gentes pensantes, que les cuestionen los beneficios y los costos de pertenecer o no al sistema que proponen.
La Cuba de Fidel Castro obliga a trabajar a todos para despues tener derecho a comer.
La Guatemala de oligarquia trabaja quien quiere y puede (con mucho trabajo para ganar un salario minimo que para el empresario y muy grande y para el trabajador es muy chico) y tras el regateo de los precios, talves logre consumir algo de lo que produce.
Sin gente pensante, dificilmente se puede constuir algo.
NUEVA GUATEMALA DE LA ASUNCION
alfonso villacorta: (2009-07-15 12:14:49 horas)
Este articulo parece la introduccion de un proyecto en busca de financiamiento.
2 comentarios: