La Doctrina Estrada –del apellido de Genaro Estrada, secretario de Relaciones Exteriores de México– fue la piedra angular de la diplomacia mexicana de 1930 a 2000, tiempo en que fue abandonada por la cancillería azteca. La decisión del presidente Fox de estar más activo en los organismos internacionales fueron –algunos lo pretenden– el motivo señalado para sentenciar el fin de tal procedimiento diplomático.
La Doctrina Estrada tiene como fundamento la libre determinación de los pueblos cuyo derecho es decidir del tipo de gobierno que les convenga. De acuerdo con tal precepto, México no se pronunciaba en el sentido de otorgar reconocimiento diplomático específico a un nuevo gobierno por considerarlo una práctica improcedente e intervencionista pero se limitaba a mantener o retirar a sus agentes diplomáticos y a continuar aceptando, cuando también lo consideraba procedente, a los similares que las naciones respectivas tuvieran acreditados en México. A la vez, el gobierno mexicano rechazaba calificar oficialmente “ni precipitadamente ni a posteriori” el derecho de las naciones de escoger el gobierno de su elección, fuera este del origen que fuera.
Frente a los acontecimientos de Honduras que han llevado a los actores en presencia al impasse conocido no se puede si no recordar las ventajas apuntadas en la Doctrina Estrada.
Después del consenso generalizado de la ONU y de la OEA ordenando se restaurara sin condiciones e inmediatamente al depuesto Presidente Zelaya, la situación –en vista de la imposibilidad de imponer dicha resolución por vía voluntaria– ha evolucionado hacia intentar hallar elementos para una solución negociada. Pero por otra parte y oponiéndose radicalmente a dicho intento se alzan los “duros” del Alba, usando al intransigente Zelaya como punta de lanza para los fines intervencionistas y antinorteamericanos de tal alianza capitaneada por Hugo Chávez. y teniendo como zorra dentro del gallinero centroamericano al nicaragüense Ortega.
Sin embargo y en busca de una solución negociada, algunos le han pedido al presidente Arias –Premio Nobel de la Paz– que medie en el conflicto de marras. Si Arias se hubiera dado algún tiempo de reflexión no habría aceptado ir solo en tal aventura ya que estará exponiendo, si fracasa, lo que probablemente suceda, su indiscutible y actual prestigio internacional. Ningún acuerdo será posible sin la benevolencia de Hugo Chávez, lo que está hoy lejos de lograrlo aun el Nobel de la Paz. Pero vanitas vanitatis y el Presidente costarricense no estará sin duda exento de ella…
Por el momento y en espera de alguna propuesta novedosa que no aparece en el horizonte, no queda si no añorar aquella Doctrina Estrada pragmática y sabia que al ejercerse hoy –con dicho nombre u otro cualquiera– evitaría mayores contratiempos a la diplomacia intrarregional.
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1 comentarios:
JOSUE AUGUSTO PEREZ FIGUEROA: (2009-07-15 10:52:41 horas)
La doctrina Estrada, en su tiempo fue nefasta para Guatemala, digamos en 1944-1954 y posteriormente de 1954 a 2000 fue bienvenida y ahora cobra auge porque si algo similar a lo de Honduras ocurre en Guatemala, tendra un efecto positivo.
Nada es verdad ni mentira. Todo depende del cristal con que se mira.
Anoramos los tiempos aquellos en que la VIOLENCIA INTRAFAMILIAR solo competia a los del grupo familiar y despues nos preguntamos PORQUE TANTA VIOLENCIA?
Lo normal es que las zorras se coman a las gallinas y eso a nadie le debe importar, salvo que las gallinas comiencen a comerse a las zorras, PORQUE ENTONCES HAY QUE RESTABLECER EL ORDEN CONSTITUCIONAL, es decir que las zorras se coman a las gallinas.
NUEVA GUATEMALA DE LA ASUNCION
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