Llegó hace más de 35 años a Guatemala. Un lejano recorrido en lancha por el lago de Atitlán la llevó a San Marcos La Laguna, sitio que actuaría como imán para acercarla a nuestras escuelas rurales y se convertiría en el umbral de su nuevo hogar. A pesar de la compleja situación que se vivía en el altiplano en aquella época, junto a su esposo Mike, decidieron criar a sus 3 hijos en Guatemala. Al llegar a nuestra tierra debió aprender a hablar con la mirada y a usar los gestos, pues su español no era lo suficientemente fluido para darse a entender, como tampoco lo era el de las niñas y niños marquenses con quienes tuvo el primer contacto. Pronto se enamoró del paisaje y de nuestra gente, lo que la llevó a quedarse acá por varias décadas. No sólo fortaleció su dominio del castellano, sino también aprendió tz’utujil y kaqchikel. Combinó sus estudios de antropología y educación y su conocimiento de idiomas para impulsar con vigor la educación bilingüe multicultural, contribuyendo así a que se comprendiera mejor la relación entre aprendizaje, identidad cultural y lenguaje. Aunque en estos años ha presenciado avances en el sistema educativo y no obstante que ya no enfrenta barreras de comunicación, a veces sus ojos la delatan cuando expresan su impaciencia, porque aún falta mucho por hacer y porque el ritmo al que suceden los cambios debe apresurarse.
Julia Richards, quien se desempeñó en los últimos años como directora de la Oficina de Salud y Educación de la USAID en nuestro país, es una profesional positiva y emprendedora, comprometida con promover que los niños de las comunidades más postergadas tengan acceso a una educación pertinente y de calidad. Siempre ha estado dispuesta a trabajar por el bienestar de la población y para que la situación de nuestro país mejore. Su compromiso, liderazgo e identificación con Guatemala han sido un ejemplo para quienes siguen una carrera en la cooperación internacional, así como lo ha sido para quienes la hemos conocido. Su esfuerzo ha servido de puente entre personas y culturas y ha propiciado alianzas entre muchas instituciones, a favor de la educación. La semana pasada, ante su inminente partida de Guatemala, correspondió a esta enérgica y capaz mujer, oriunda de Wisconsin, realizar el cambio de la rosa de la paz en el Palacio Nacional de la Cultura. Con ello, se reconoció el valioso aporte de una chapina de corazón. Estamos seguros de que la vida traerá a los Richards de regreso a esta tierra que se ha convertido en su hogar. ¡Muchos éxitos!
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