“¿Cómo podré comenzar ese relato que explique de una vez por todas mi vida (…)? ¿Qué chingados es finalmente la literatura sino (…) el intento de explicarse la vida y los sueños que la han atravesado y destruido o construido? Escribir es soñar despierto”, atina a decir Marco Antonio Flores en la contraportada de su más reciente colección de relatos cortos La vida es sueño. El Premio Nacional de Literatura 2006 estará en Filgua 2009 (Parque de la Industria), mañana domingo 26, a las 18:00 horas, en el Salón Otto Raúl González para presentar este libro. En esta entrevista, habla de cómo el inconsciente opera entre la realidad y la imaginación para descubrir la literatura, las necesidades de escribir y entender ciertos instantes de la vida.
Salvo un leve porcentaje, parece que Marco Antonio Flores, más personal, tiende a alejarse de detalles políticos en este nuevo libro… – El contenido de un libro no depende de una decisión racional. La necesidad consiste en el hecho de expresar un momento de la vida. El inconsciente dicta, muchas veces, sobre qué escribir. Aunque el escritor esté ligado a la realidad, la literatura es imaginación. En este libro, el contenido no tiene que ver, en cierta medida, con una estructura lineal o una temática en específico. Obedece a situaciones, a la memoria y necesidades en diferentes etapas de mi vida. Obviamente atravesado por la realidad y escrito por la imaginación.
Sin embargo, es posible detectar escenarios recurrentes: Inglaterra, México y Guatemala. – Lo que pasa es que vivir implica estar influenciado por una realidad. Resulta imposible dejar de tener esa conciencia del momento. Cuando viví en Inglaterra, los personajes cotidianos que conocía en un momento dado me servían para, días después, imaginar una historia en base a ellos. No creo que las ciudades sean para escribir historias sino para percibir sensaciones. El cuento utiliza parámetros del entorno en que has vivido y debe escribirse de zopetón, de una sentada mientras el inconsciente traspone una línea entre realidad e imaginación.
¿Cómo definir el inconsciente desde aspectos literarios? – Sucede que el escritor también empieza a penetrar en la teoría de la literatura. Por mi parte, estudié psicología y desde entonces quedaron ideas de lo que era para mí lo consciente y lo inconsciente. El humano habita ambos mundos. Uno desde el cual se vive y el otro desde el cual se percibe. El inconsciente fabrica un mundo a partir de los reservorios de tu memoria. Pero el escritor tiene la capacidad de entrelazar esos dos mundos por medio del lenguaje. Al estudiar literatura, al hacer literatura, se constituye una manera de encontrar los impulsos que se van dando entre el diálogo de lo consciente con el inconsciente.
Juventud, vejez = conflicto. ¿Cuánta conciencia se tiene de ciertas etapas de la vida? – Como te digo, las imágenes siempre van quedando en la memoria. Las sensaciones son recopiladas. Y cada cuento tiene su anécdota. Quizá la pregunta es una alusión a algo que está en este libro, un cuento que no recuerdo salvo en las impresiones de mi inconsciente (“yo no leo lo que escribo”, apunta Flores al mencionarle el título del cuento en cuestión: Polvo de Estrellas, sobre la vejez y la juventud). No es impactante y tampoco me interesa eso de llegar a viejo. Mientras tenga fuerza física y capacidad mental: yo chingo, leo y escribo. Mi vida es tan activa que no estoy pensando en babosadas, ¿entendés?
Qué decir entonces de la muerte. Su narrativa ofrece –inconscientemente– cierto tratamiento cínico sobre el tema. – Más que cinismo es un desprecio. No me interesa la muerte, no tengo miedo tampoco. Desde los 20 años tomé la decisión que en cuanto ya no pueda responder ante la realidad y si aún estoy consciente, acabaré yo mismo con mi vida. Debe ser doloroso enfrentar la incapacidad. No obstante, he estado a punto de morir más de 5 veces (la inteligencia militar de los años sesenta y setenta atentó contra Flores en varias ocasiones). El hecho de la muerte no es un tema vital para mí. Y sin embargo, aparece, de forma inconsciente, en mi trabajo. Debo tener una obsesión oculta respecto a la muerte. Pero, como viene de lo inconsciente, no puedo enfrentarla más que con el texto. En tanto en lo consciente, te digo, tengo claro que de momento la muerte no me produce sentimiento adverso alguno.
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