Se presenta mañana en la Filgua una reunión de la “Narrativa Breve” de Méndez Vides.
Luis Aceituno
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Moises Castillo
El escritor Adolfo Méndez Vides presenta “Narrativa Breve” editado por la Tipografía Nacional.
“Narrativa Breve”
> Méndez Vides > Tipografía Nacional, 2009, Presentación: Jueves 30 de julio. Salón Guatemala > Feria Internacional del Libro (Parque de la Industria)
Méndez Vides hace parte de una generación de escritores que renovó el cuento guatemalteco a finales de los años setenta, con obras que marcaron profundamente las letras guatemaltecas de los años a venir, baste mencionar Jornadas de Dante Liano, El ratero de Franz Galich, Atelor, su mamá y sus desgracias personales de Víctor Muñoz y Escritores famosos y otros desgraciados del mismo Méndez Vides.
Mañana, jueves 30, la Tipografía Nacional presenta una reunión de la Narrativa Breve de este autor, entre otros libros, de Las catacumbas, El paraíso perdido, Las murallas, El tercer patio y La lluvia. En esta entrevista hablamos de su oficio como cuentista.
¿Qué incluís en esta recopilación de tu narrativa breve? – El libro es un recuento de escritura breve a lo largo de mi carrera, donde el género no fue una elección sino el resultado de mi adaptación a las posibilidades de edición. A mí me atraía el reto de la obra grande, abundante, copiosa, pero en la realidad también deseaba publicar lo que escribía, y la única manera era en los diarios. Mis primeros escritos aparecieron en el vespertino El Imparcial, y debían ser breves por razones de espacio y requerimientos, así que me fui ejercitando en el espacio reducido, y mi necesidad de sentirme vivo me exigía publicación frecuente, así que me propuse publicar algo cada semana mientras mis proyectos de novela crecían a la sombra. Tras la desaparición de El Imparcial, en los años de la diáspora, me dediqué a trabajar en un proyecto que se perfilaba inmenso, pero que nuevamente quedó chico porque una amiga me comentó sobre la existencia de un concurso de novela, y me pidió que participara, y yo mandé mis notas sólo para hacer acto de presencia, para corresponder, y el libro ganó y se publicó como Las catacumbas. Ya no continué la redacción, por las razones obvias, aunque aún no me resigno y cualquier día de estos reanudo el plan original. Luego publiqué cuentos en Prensa Libre, en la edición dominical, midiéndome en pulsaciones, que luego se editaron como El paraíso perdido.
Para una generación de escritores como la tuya, que empieza a publicar a finales de los años setenta, nombres como el de Borges, Onetti, Cortázar, García Márquez, Monterroso fueron definitivos en el hecho de ponerse a escribir cuentos, ¿seguís reconociéndote en ellos? ¿Qué otras influencias se han agregado con los años? ¿Te sentís parte de una generación que en algún momento privilegió el cuento sobre otros géneros literarios? – Hay variedad de escritores en Latinoamérica que han optado por el cuento, creando toda una tradición, como Tito Monterroso con su carga de ingenio o Borges con su derroche de inteligencia, o Julio Ramón Ribeyro que es un maestro de la narrativa breve, y por supuesto que me habrá afectado la lectura de Cortázar. Tal generación nos demostró que era posible plasmar en pocas páginas un mundo. Ahora bien, yo me dediqué a la narrativa breve para estar presente, nada más. Si te das cuenta yo comencé a publicar novelas en los últimos años, cuando cambié la escritura breve al comentario periodístico. Porque encontré la manera de mantenerme vivo mientras elaboraba trabajos un poco más largos, aunque, y como resultado de la práctica, ya no se me ha hecho fácil el despliegue, porque la práctica se me quedó adherida, y me siento más cómodo en la brevedad, ahora estoy escribiendo cuentos sin ponerle atención a los límites, sino como un recurso que me complace.
Hablemos de los escenarios en que se desarrollan tus relatos, tienen una importancia vital, pareciera que sin ellos las historias y las situaciones se desmoronan. – En la colección que publicó la Tipografía Nacional encontrarás tres épocas, con tres escenarios y emociones diferentes. La primera parte son historias más individuales, escritas en primera persona, repletas de deseos de partir, de volar, y van de la mano con mi educación sentimental y la búsqueda de la identidad en el mundo de la ficción. Hay una necesidad de cosmopolitismo, y un planteamiento irreal desde La Antigua. Luego, en la segunda parte, desarrollo mi descubrimiento de la realidad urbana, la vida de la gente común y corriente que puebla Guatemala, los problemas ante el trabajo y la vida marginal. Es el tiempo de la desesperación. Y en la tercera parte, encontrarás más al autor que soy hoy día, moviéndome de un lado para el otro todo el tiempo, recuperada mi identidad tras la experiencia de vivir escindido.
Entre “Escritores famosos” y “El tercer patio”, tu primer y tu más reciente libro de relatos respectivamente, hay casi 30 años de diferencia. En el camino, ¿qué has llegado a comprender del oficio de escribir cuentos? – Es agotador. El proceso de invención del cuento se funda en una idea, tal y como una novela, pero la novela permite un desarrollo de la misma invención, uno se extiende alrededor de lo mismo. Te da tema para semanas, meses o años. Mientras que para las historias cortas hay que intensificar la invención, agotarla en breve, pulir la piedra, buscarle acomodo a la nota de asombro, y cuando aún estás excitado por su significado hay que buscar otro rumbo, cambiarse de nombre, adoptar otra identidad. Escribir cuentos implica fragmentarse, agotar rápido las ideas, desgastarse. Por eso mi manía de regresar a los cuentos anteriores para elaborar novelas, porque no me conformo.
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