Si los diputados no se ponen serios, el país tardará en superar la crisis.
Gustavo Berganza
El Banco de Guatemala pronostica que al final del año puede haber crecimiento del PIB que puede ser del orden del 0.4 al 1.2 por ciento. En su argumentación saca a relucir el hecho de que la economía de Estados Unidos, nuestro principal socio económico, ya empieza a salir de la recesión y experimentará en 2010 un crecimiento de 0.5 por ciento.
Por otra parte, el Banguat menciona hechos positivos dentro del mar de noticias negativas: el incremento de las exportaciones de banano, que por sí solas integran una porción importante del PIB. A esto debe sumarse el aumento en los precios del cardamomo y el hecho de que la caída en las exportaciones solamente haya representado un -4.5 por ciento, hasta el 23 de julio de este año. En términos de dólares, la cantidad captada todavía es mayor a la registrada en la misma fecha en 2007.
No olvidemos que el Banguat, aparte de ser el guardián de la estabilidad macroeconómica, tiene como principal función ser el tamborilero del entusiasmo. Lo cual es comprensible, porque la mayor influencia sobre la economía son las emociones humanas. En mi opinión, no hay que creerse esas predicciones y deben tomarse con un granito de sal, porque hay otras variables que pueden perfectamente echar al traste ese panorama tan rosadito que nos pinta el banco central.
Una de estas variables es el gasto en inversión del Gobierno. La baja en la recaudación fiscal, sumada a la lentitud del Gobierno para ejecutar el presupuesto, ha ocasionado que la obra pública esté paralizada. Y en el aspecto de apoyo al desarrollo social, programas tan importantes para la agricultura, como compra de tierras para campesinos, créditos y transferencias para avíos dependen de que el Congreso apruebe los bonos. Si estos no son aprobados, a más tardar la semana entrante habrá que programar una nueva reducción en el presupuesto, algo contraproducente en un momento en que se necesita precisamente de medidas anticíclicas para estimular la economía.
La inversión pública, sobre todo en momentos de crisis, tiene un efecto multiplicador en la economía: la aprobación de los bonos y su traducción en gasto de inversión representa, si Keynes está en lo correcto y si el Congreso la agiliza, un aumento de hasta 0.6 puntos porcentuales en el PIB, por el impulso que se daría, entre otras cosas, a la construcción de obra pública.
Para redondear mi argumento, no debemos poner todas las esperanzas exclusivamente en la recuperación externa y el impacto que puede tener en la demanda de exportaciones. Debe atenderse también la inversión pública. Y para que esta pueda realizarse y se aminore aún más el impacto de la crisis, esto depende de si el Congreso se pone serio y aprueba por fin la emisión de bonos solicitada por el Gobierno.
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1 comentarios:
ESTUARDO LORENZANA : (2009-07-31 07:32:30 horas)
y todavia crees en santa claus ,,, este gobierno no ha podido ejecutar los recursos que estaban asignados , apenas han ejecutado el 20% en lo ke va del año . lo malo ke estos recursos han ido a para a cohesion social donde no existe fiscalizacion ,,, quieres mas de lo mismo ,,,,
1 comentarios: