Hemos visto desarrollarse el proceso de elección de las Comisiones de Postulación vinculadas al sector justicia. Ha quedado claro que existe una enorme presión para manosear, incidir, manipular y estorbar cualquier intento por transparentar los procesos.
A través del accidentado desarrollo, hemos visto cómo los rectores se negaron a optar por el sorteo, según el tenor de la ley, ya que no les pareció conveniente el elemento aleatorio que implicaba. Acostumbrados a “negociar” la representatividad del grupo, recurrieron a la Corte de Constitucionalidad, que se plegó.
Luego, las elecciones en el Colegio de Abogados. Allí, la situación que suscitó dudas fue la financiación de campañas electorales fastuosas. La Comisión Internacional de Juristas que envió observadores del proceso, concluyó que es importante transparentar quién financia las campañas proselitistas. Luego de develarse el rumor de que el FRG subvenciona los gastos a varios magistrados para obtener maestrías en España, resulta más que justo averiguar quién puso estos recursos. De todas maneras, el esfuerzo rindió frutos, pues la normativa permite la participación de las minorías y delegados de diversas planillas podrán participar de la elección.
La Corte Suprema de Justicia estuvo a la altura de su actuación a lo largo del tiempo: se lucieron presentando un listado ya cocinado.
En cuanto al Instituto de Defensa Pública Penal, las violaciones a la ley han dado de sobra para hablar. La selección de candidatos no pudo haber sido más manoseada. Las organizaciones vinculadas al tema de justicia han pedido públicamente que dicha anomalía sea corregida por las salas de la corte de apelaciones que actualmente conocen de recursos interpuestos contra las actuaciones.
Observar el desarrollo del proceso nos hace ver claro cómo este país se debate entre dos fuerzas: una de cambio y otra que persiste en mantener las estructuras anquilosadas. La fuerza de cambio se inspira en la esperanza de que podemos construir un país que responda a la necesidad de justicia, un país donde las reglas del juego sean más transparentes y nos sujetemos a un pacto social basado en el imperio de la ley. La oscura fuerza, vieja y anquilosada, funciona bajo otras premisas: la negociación, el privilegio, la corrupción. Esta vieja fuerza está operativa, puesta en su sitio y muy extendida entre diversos sectores de nuestra sociedad. Participan de ella no solamente los integrantes del crimen organizado o los políticos. En ella se incluyen innumerables ciudadanos guatemaltecos que operan bajo una misma lógica: obtener siempre beneficios espurios, dudosos privilegios, prebendas. Negociar, manosear, escamotear. El precio que todos pagamos es vivir bajo la implacable impunidad.
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2 comentarios:
Janeth Roche: (2009-07-31 21:07:05 horas)
No puedo defender lo indefendible ante los dinosaurios que actualmente ejercen la profesión, pero sí hago un llamado a NO GENERALIZAR; porque las nuevas generaciones queremos romper el círculo de todas estas cosas que nos tienen tan hartos y cansados.
Ánimo jóvenes abogados; cambiemos la mala imagen que la sociedad tiene de nuestra noble profesión. No todos somos corruptos.
JOSUE AUGUSTO PEREZ FIGUEROA: (2009-07-31 11:19:00 horas)
Este ejercicio de transparencia demuestra que los abogados son diestros para no hacer cumplir la ley.
Con un estamento de tal naturaleza no hay ley que valga pues no tratan de cumplirla sino de NO CUMPLIRLA.
Esto ya fue dicho por Montesquieu: Las leyes pueden ser malas pero cuando hay voluntad de cumplirlas se hara todo lo posible por hacerlas cumplir pero tambien LAS LEYES PUEDEN SER BUENAS pero CUANDO NO HAY VOLUNTAD DE CUMPLIRLAS se hara todo lo posible por no hacerlo.
Esta vista que en el gremio de Abogados y Notarios existe la consgina de que hay que buscar que es la ley dice para hacerla que diga todo lo contrario.
Bien les luce el mote de BANANOS.
NUEVA GUATEMALA DE LA ASUNCION
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