“Soy campesino y no me va a cambiar eso un par de títulos”
El liderazgo de 3 treintañeros sobresale en Plataforma Agraria, 2 de occidente y 1 de oriente, un chortí, Jacob Omar Jerónimo. Estudió Auditoría en la Universidad de Chiquimula, pero él se dice campesino y lidera la organización Nuevo Día que aglutina a 7 mil 450 campesinos. Los argumentos para defender su lucha los basa en hechos históricos y en números.
Mirja Valdés
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Jose Luis Pos
Omar Jerónimo tiene 30 años. Su formación incluye cursos de economía campesina y Políticas Públicas.
¿Quién es Omar Jerónimo, de dónde viene?
– Soy como muchos en la región. Mis padres son chortís, mi padre de Camotán y mi madre de Shupá, una aldea de Camotán. Mi mamá se asentó en Camotán hace 35 años; ella, mi abuela y el resto de la familia huían de los mismos que mataron a mi abuelo.
¿Quiénes?
– Es complicado, tiene que ver con las concentraciones de tierra, algo típico por allá: matan a un pariente, el resto de la familia huye y otros se quedan con las tierras. Camotán está cerca de la frontera con Honduras, por donde entró el Ejército de Liberación en los años cincuenta cuando el oriente se militarizó, la contrarrevolución. Era gente muy involucrada en el Movimiento de Liberación Nacional (MLN), gente que en su momento se vio amenazada por lo que llaman los “Diez años de Primavera Democrática” en el país, y su manera de revertir aquellos años fue expropiando, matando, asustando.
No había nacido entonces.
– No había nacido, pero esa es la historia. Para mantenernos mi mamá lavaba ropa ajena, incluso la del Ejército. Somos cuatro hermanos, pero los primeros tres vivimos en condiciones difíciles al irse mi papá de casa, yo tenía seis años. Mi mamá se iba tres meses a las fincas de algodón en la costa sur, mis hermanas y yo quedábamos solos. Tuve la oportunidad, y digo oportunidad porque es cuando uno empieza a tomar conciencia, de ir dos veces con mi mamá. Recuerdo que le arrancábamos un bejuco al algodón.
¿Qué más recuerda de las fincas algodoneras?
– Íbamos a una finca llamada San Fernando, en Retalhuleu. Tengo presente las avionetas echando veneno sobre las plantaciones y uno corría a esconderse debajo de un árbol o lo que hubiera. Aunado a la pobreza todas esas cosas construyen conciencia, si uno se olvida de dónde viene fácilmente se pierde hacia adónde va.
Estudiaba y trabajaba desde pequeño, ¿cómo hacía?
– Mi mamá nos apoyaba con mensualidades y para comprar los zapatos y los útiles, con mis hermanas trabajábamos de septiembre a febrero. Bueno, también nos divertíamos jugando al jaripeo a lomo de un asno o bañándonos en el río.
¿Cómo fueron esos años de estudio?
– Estudié Perito en administración pública en un colegio evangélico de Chiquimula. Alguien me propuso, “mirá te voy a dar una beca para que estudiés en Chiquimula”, y me fui. Estando allá efectivamente me dan la beca, pero por dos meses, sobreviví ese año haciendo los trabajos a unos compañeros de Petén que tenían dinero, a cambio pagaban el material que necesitara. Los fines de semana iba a cortar café, izotes, así logré terminar el diversificado. Me gustaba participar en grupos juveniles, en las juntas directivas estudiantiles.
Era uno de esos muchachos que andaba metido en todo.
– Algo así (ríe). Al graduarme me contrató una ONG de Camotán donde por Q300 al mes hacía de todo. Un catedrático solía decir: “El árbol para que eche buenas hojas tiene que echar buena raíz”, y agregaba, “y nunca esperen que cuando estén echando raíz tengan dinero”. Di clases de computación en Fe y Alegría cuando llegaron las primeras computadoras, trabajé en la Radio Chortí donde constituimos un grupo para dar a conocer el tema de la desnutrición. Después de toda la estrategia de militarización la gente no se organizaba.
¿Recuerda algo de la militarización o sólo ha escuchado hablar?
– Recuerdo que a las seis de la tarde había que encerrarse y cuando pasaban los soldados o las PAC (Patrullas de Autodefensa Civil) apagábamos la candela y nos callábamos. Eso tengo en la cabeza de ese tiempo, crecí sin comprenderlo hasta los 12 años cuando trabajé en una finca de café. Me sentaba con señores grandes que contaban “aquí pasaba la guerrilla y arrastraba a los compañeros”, “aquí pasaba el Ejército y arrastraba a los compañeros”.
Dejó el campo hace años, ¿cómo se gana la vida hoy?
– Vivo de realizar auditorías, asesorías, impartir talleres, con eso me financio el acompañamiento que doy al movimiento porque nadie de los que estamos dentro tenemos un salario.
No trabaja la tierra, pero se reconoce campesino, ¿por qué?
– Estudié Auditoría y estoy en proceso de aprobar los privados. Creo que la sangre no la cambian las aulas, soy campesino y no me va a cambiar eso un par de títulos.
Sin embargo no lo reconocían como tal las agrupaciones campesinas de occidente cuando empezó a buscar solución a la deuda Chortí.
– No, no fue así, sino que la deuda era difícil incluirla en su agenda. Desde que constituimos este proceso nadie me ha rebatido que si soy o no campesino porque saben de dónde vengo. En 2003 el movimiento hace sus primeras reuniones públicas diciendo “estamos endeudados”. La crisis cafetalera nos endeudó y cuando pedimos ayuda todo el sistema financiero entró en pánico y quisieron recuperar el crédito.
¿Cómo se dio esa deuda?
– En la parte alta de la región Chortí hay pequeños caficultores, que cultivan una manzana, dos el que más tiene. En los años ochenta empezó una maratón por dar créditos para sembrar café; fideicomisos de Anacafé, las cooperativas… medio mundo llegó a dar dinero. En 2001 lo primero que hicieron fue tratar de recuperar su dinero y no se pudo porque los productores quebraron. En el gobierno de (Alfonso) Portillo se constituyó un fideicomiso para el pequeño caficultor y lo que hizo fue dolarizarles la deuda. Desde entonces le dicen a la gente “tenés una deuda con Prosachi”, o “tenés una deuda con Anacafé”.
¿Cuánto deben?
– El promedio son Q1,600 por productor. Cualquiera dirá “eso lo pago en un mes de trabajo”, pero para el pequeño caficultor que no produce maíz y cuando lo hace es en laderas secas, y que muchos de ellos trabajaban en fincas de café, no es tan fácil. La deuda no es únicamente de los pequeños productores sino de todo el circuito económico que depende del café.
¿Qué lo hizo liderar esta lucha si no debe esos Q1,600?
– Conozco a un montón de gente que lo debe, entre ellos familiares, amigos, conocidos, gente que tiene una vida como la mía con la diferencia de que yo encontré la manera de estudiar.
El liderazgo que usted muestra es frecuente en occidente, algunos dicen que su esposa, una quetzalteca, lo influyó.
– Mi esposa estuvo más ligada a los movimientos estudiantiles en la universidad –es nutricionista– y en el sector de mujeres. Nos conocimos cuando estuve en la radio con el tema de la desnutrición, era voluntaria de Naciones Unidas y planteaba programas sobre seguridad alimentaria: ella buscaba quién lo hiciera y yo hacerlo. Me da mucha fuerza porque es una persona de mucho análisis, pero lo que me movió a participar es la rabia que provoca la desigualdad, el atropello. Creo que ningún guatemalteco que sepa la historia podría estar tan tranquilo.
¿Dónde aprende ese discurso, en sus años de universidad?
– Esa pregunta me la hicieron una vez viniendo de un taller en Xela: “¿En qué escuela te formaste?”, en la escuela de la vida, respondí. Influyeron en mí las limitaciones con que crecí. Vivo en un pueblo que discrimina al pobre, donde un niño rico podía pegarle a uno pobre y encima llevárselo a la dirección.
¿Le pasó a usted?
– Era buen estudiante y de la gente que no peleaba, pero de haber ocurrido me habría defendido. Mi mamá siempre me decía: “Vos sos igual al otro aunque no tengás dinero”.
¿Cuál es su ideología?
– Pensar que se pueden hacer cosas diferentes para que todos vivan mejor. Que si es de izquierda o de derecha, esas concepciones son excluyentes, recordemos cómo nacen esas corrientes ideológicas en el Parlamento francés: a la izquierda la gente que defendía los derechos sociales y a la derecha una facción más conservadora. No creo que esté sentado ni a la derecha ni a la izquierda de alguien. Así me formó mi mamá, “vos sos igual que aquel”.
Pero no le enseñó lo del Parlamento francés.
– Eso lo leí después. Soy crítico de lo que leo, si me dicen “hay un libro para educar a tu hija” lo primero que pregunto es quién lo escribió y qué me va a enseñar lo que ha vivido esa persona, porque cualquiera puede escribir babosadas. Usted puede obtener una Licenciatura en Política y ser el peor político, corrupto. No, eso no es lo que enseña sino lo que uno vive.
Cuando se incorpora al movimiento lo hace para exigir que les resuelvan la deuda Chortí, pero este año se opusieron a la construcción de tres hidroeléctricas. ¿Por qué se oponen?
– Si a 100 metros de su casa le ponen a usted 1 millón de toneladas de metros cúbicos de agua, ¿qué pensaría?
Que todos queremos pagar menos en nuestra factura de energía eléctrica, eso pidieron hoy (viernes 24 de julio) campesinos que bloquearon carreteras en la costa sur.
– De las 3 hidroeléctricas que quieren construir, una secará 10.5 kilómetros de río que mojan las pocas tierras productivas en la región Chortí. Hablemos de números y comparemos: 20 trabajos que proveerá la hidroeléctrica contra 80 mil jornaleros sin empleo y sin granos básicos no es un buen negocio. Nos dicen, “como es de izquierda se oponen”, no es así. El análisis financiero para construirlas le dice “adonde me requiera menos costos y tenga más ganancias” sin importarles poner poblaciones en peligro. Lo que hay que hacer es un ordenamiento, preguntarnos dónde podemos hacer hidroeléctricas que no afecten.
¿Qué propone?
– Veamos el Proyecto de Desarrollo Mesoamericano, que de desarrollo tiene poco: dice que es un mercado para grandes productores y grandes consumidores, ¿cuánta energía consume en su casa?, ¿unos Q300?, entonces usted no es gran consumidor, ese proyecto no es para usted, esa energía se va para afuera.
En una reunión entre empresarios y Comudes preguntaron, ¿y a nosotros nos van a dar un poco de esa energía? No. ¿Y va a bajar la energía? Eso no lo podemos garantizar sino el mercado. ¿Y si yo quiero energía? Yo se la vendo al distribuidor, pídanselo a ellos. Así contestan.
Pero no me dice qué propone para tener energía más barata.
– Tenemos ríos de 60 a 80 kilómetros de largo y lugares que no están poblados, ahí por ejemplo pueden construirlas, y que el Estado la produzca. Es tonto poner en manos de otros los activos estratégicos.
Suena como cuando Portillo revivió Guatel y allí está que existe pero no produce, no hay telefonía rural como pretendían.
– Instituciones cascarón como Guatel son una trampa porque no tienen una ley que controle su inversión y que castigue con cárcel a los corruptos. Lo que dijimos en el gobierno de (Oscar) Berger es discutamos la matriz energética, no imponerla. Todos queremos pagar menos, pero, ¿dónde las ponemos? (las hidroeléctricas), porque hay que ponerlas. Hay que modificar leyes para que el Estado tenga más participación y más control sobre los distribuidores. El Procurador de los Derechos Humanos dijo: “Hay 85 mil denuncias en contra de Unión Fenosa”. ¿Quién actúa contra ellos?
Nos queda el tema del arrendamiento tierra, ¿cómo funciona su propuesta?
– El 95 por ciento de las tierras productivas se encuentran en manos del 3 por ciento de la población y las tienen ociosas. Plataforma Agraria dice que en tiempo de crisis hay que invertir; para 35 mil campesinos, 35 mil manzanas de tierra que producirán entre 60 y 70 sacos de maíz; 2.4 millones de sacos. Si la gente se queda con 22 sacos para su consumo tendremos un superávit de 1.5 millones de sacos para exportar lo que reactivaría la economía: la gente compraría sus zapatos de hule, machetes, láminas, bombas de agua a las empresas. ¿Dónde está el comunismo en este sistema? Es dinamización de economías.
¿Cómo garantizar que no se repita aquel caso en que el dinero para arrendar tierras fue a cuentas particulares? Me refiero al caso que involucró a Juan Tuyuc.
– Nosotros hemos planeado un sistema de cogestión donde las organizaciones locales, no nacionales, se involucren con el Estado para monitorear que los recursos lleguen y estén produciendo. Ahora por lo de Juan Tuyuc hay una investigación donde se comprobó lo contrario a lo publicado, la misma Contraloría indica que lo que hubo fueron deficiencias administrativas, no corrupción.
¿Por qué no lo denunciaron?
– En ese momento teníamos todo en contra, el mismo Ministerio Público sacaba órdenes de captura, pero nunca capturaba porque la idea es criminalizar al líder, asustarlo.
En las últimas semanas los noticieros informan de bloqueos en carreteras o aquí en la ciudad. La gente les grita “trabajen”.
– Estaba en una clase de Auditoría cuando uno de mis compañeros dijo: “¡Es que los indios cómo chingan!”. Le dije, “¿Te recordás cuando han querido subir el IVA?, estos indios son los que se movilizaron para que no te subieran los impuestos”. El campesino y el indígena son constructores de su desarrollo, los urbanos vividores de ese desarrollo.
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5 comentarios:
Juana Pérez: (2009-08-03 13:41:57 horas)
Me gustó la idea de entrevistar a un líder indígena...como ya dijo alguien es otra visión. Comparto con Jerónimo la idea de dinamizar la economía, en lugar de que unos pocos gasten en los "malls" toda la población puede gastar en lo que necesite, si tan solo tuvieran recursos, pero no existen...
Roberto Ximenej: (2009-08-02 21:42:43 horas)
Gracias por una miradita al otro lado de la moneda. Alienta leer algo bien vivido y sin muchos tapujos y sí con visión.
Lo más triste es que gente que puede articular tan bien su situación y su vida y hacerla con las de los demás, en Guatemala a sido la historia de siempre, aparecen muertos y ya no hablan, no como otro muerto que si lo hizo y sin querer queriendo, por los intereses de ajenos.
Roberto Ximenej: (2009-08-02 21:34:16 horas)
Gracias por una miradita al otro lado de la moneda. Alienta leer algo bien vivido y sin muchos tapujos y sí con visión.
Lo más triste es que gente que puede articular tan bien su situación y su vida y hacerla con las de los demás, en Guatemala a sido la historia de siempre, aparecen muertos y ya no hablan, no como otro muerto que si lo hizo y sin querer queriendo, por los intereses de ajenos.
Juan Balan Beleheb: (2009-08-02 11:39:31 horas)
yo siento que en esta entrevista hay algunas preguntas capciosas
Manuel Aler: (2009-08-02 11:16:44 horas)
En Guatemala se necesitan más indios como Jacobo Omar Jerónimo.
¡Adelante, salgamos a las calles y hagamos que esto ande! (de la canción El río está llamando).
Para la autra de la entrevista: no existe la tal Universidad de Chiquimula; en todo caso será la USAC (CUNORI) que funciona en Chiquimula.
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